miércoles, 12 de marzo de 2014

Las horas que hay en nueve años

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¿Son muchas las horas que hay en nueve años? ¿Son muchos ciento ocho meses?

Nueve años son setenta y ocho mil ochocientas cuarenta horas de vigilia y de sueño, de vigilante presencia de todo y de todos los que habitan en su territorio, de carreras escaleras arriba y abajo, con andares perpetuos de cazador furtivo, pendenciero, genéticamente callejero.

Horas de éxtasis al aspirar la luz y la hierba de mayo a los pies de rosales y jazmines en flor, horas interminables de perezosas siestas al sol en las tardes de verano, horas de contemplación de la lluvia de otoño arrebujado en tu sillón, horas de plácido letargo invernal en el seno de acogedores regazos.

También fueron horas de taimada planificación; de astutas fugas al patio del vecino, de garbeos exploratorios por el vecindario, de mil búsquedas curiosas, de revoltosos juegos infantiles, de serena madurez, de viajes entre Barcelona y Madrid. Largas horas de agudas miradas en verde felino, expresiva inteligencia sin necesidad de palabras, avistamientos ansiosos de pájaros sobre la cerca del jardín, capturas triunfales de moscas, lagartijas y saltamontes, de la defensa férrea del hogar frente a toda fauna intrusa de cuatro patas; de estoica paciencia frente a pinchazos y pastillas de veterinarios o ante las torpes manos de ancianos y niños que alguna vez acariciaron tu lomo pardo.

Muchas, muchas horas de fiel amistad, de compañía silenciosa junto al ordenador, de atenta observación sentado en tu silla de la cocina, entre el desayuno apresurado y la cena cotidiana. Siempre la primera figura en aparecer tras la puerta al llegar a casa. Horas de amor puro e incondicional, y de ese ronroneo tan tuyo, suave y profundo entre mi pecho y mi hombro izquierdo, al acogerte entre mis brazos.

De todas esas horas, tan sólo siento no haberte acompañado en tu última hora, esa que ni tu ni nadie esperaba, esa que aún no debía ser la tuya; en la que te fuiste sin ruido, sin darte cuenta ni saber porqué.

Porque no es tanto el tiempo vivido, sino la forma y la intensidad con la que lo hemos vivido, y lo mucho que llegamos a compartir.

Algún día nos volveremos a ver, Minos. Y entonces sí, al fin podremos compartir todas las horas que haya en la eternidad.







15 comentarios:

  1. Ayer te dije que era lo más bonito que había leído en mucho tiempo y ahora que lo he vuelto a repasar con calma, creo que es insuperable. Un ser muy especial Minos. Esas horas de amor puro e incondicional ya las llevas dentro y estarán siempre contigo, como él...

    Un abrazo!

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    1. Ese tiempo vivido, no me lo quitará nada ni nadie, te lo aseguro.

      Gracias mil y otras tantas abraçades!

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  2. Algunos los llaman animales de compañía, yo les llamo compañeros. Siempre parecen pocos los momentos vividos con ellos...

    Un abrazo.

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    1. Y tantas veces son capaces de dar lo mejor de ellos con más intensidad y pureza que nuestros propios congéneres...
      Gracias, Javier!

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    1. Muchas gracias Juana, me alegro de que te haya gustado, besos

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  4. Un hermoso homenaje a tu amigo amigo Minos. Todo cuanto expresas en estas líneas ya lo sabía él de sobra porque un gato sólo muestra su sincero afecto a quien considera que es digno de él. Es entonces cuando los dueños nos convertimos en propiedad del gato y despliegan todo su encanto para tenernos siempre cerca, contemplando nuestros movimientos con su mirada enigmática y complaciente.
    Toda la vida he estado rodeada de gatos y despedirme de ellos siempre ha supuesto un trago muy amargo. La penita que ahora sientes, pasado el tiempo, se transformará en buenos recuerdos, en los momentos de compañía, juegos y situaciones divertidas que viviste con él.
    Un abrazo tinerfeño, directo al cielo de los gatos ;)
    CC

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    1. Como bien dices, el afecto de un gato no se gana así como así; por eso fueron tan buenas esas horas, por eso es tan grande la pérdida. Muchas gracias

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  5. Precioso, el hasta luego a un amigo, un abrazo, siento mucho tu pena, no siempre nos entienden los que no tienen un compañero de vida de cuatro patas.

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    1. Nos entendemos los que conocemos la capacidad de esos seres a los que quizás sólo les falte hablar. Gracias, Mónica

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  6. Precioso!!! Me has hecho llorar, porque yo también pasé por ello con mi perro, mi compañero durante once años, mi amigo fiel y, como no, también la primera figura que aparecía al llegar a casa. Yo si pude acompañarle en su último viaje. Sé que no hay consuelo, por eso te mandó un abrazo muy fuerte :-)))

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    1. Será ley de vida, Bego... Pero el corazón no entiende de leyes, ¿verdad? Abrazos de vuelta

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  7. Precioso, Mr.
    Encantada de leerte y seguirte ;)
    Besos

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  8. siento mucho la pérdida de tu gato, yo también tengo uno de casi 10 años, no sé qué haría sin él
    un abrazo para ti

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