lunes, 21 de mayo de 2012

El sabor de mis teclas

Recuerdo aquella canción que se hizo famosa de "siempre que llegas a casa me encuentras en la cocina..." Y es que siempre que te conectas me encuentras cocinando, rebozada en harina.

Quizás no debería, quizás podría resistirme, pero lo reconozco: me he vuelto débil. Y por eso mis teclas ahora comparten espacio con sartenes y espumaderas. Todas mis teclas están impregnadas de miga de pan y de sal, de clara de huevo y aceite. Saben a pimientos fritos y a vinagre, a ralladura de limón, a cebolla y caramelo, pero también y sobre todo, saben a ti. Y de ti.

Son mis teclas las que consiguen conciliar uno y otro mundo. A través de ellas recorro distancias imposibles mientras el pollo crepita en el horno, y siento otra clase de calor, además del que me dan mis queridos fogones.

De este modo he aprendido a escribirte con un ojo puesto en la sartén, y me aseguro así de que la cotidiana fritura de pescado se dora y queda en su punto, como siempre. Mientras tanto, siguiendo el ritmo incesante de mis teclas, a mi espalda un eterno y gran puchero bulle a fuego lento, muy despacio, como debe ser. Esperando, también, a que llegue su momento.



Fotografía de Blanca @awakates




 

sábado, 12 de mayo de 2012

Brillo en los ojos

Muchas veces los lunes abrimos las semanas pensando que todo va a discurrir dentro de los cauces de nuestras convencionales rutinas. Todo indicaba que esta semana de mayo iba a ser una de tantas, pero por suerte calculé mal. Y es que no contaba con Twitter, ni con mi buen amigo y bloguero Francisco Navarro, ampliamente conocido como @gasolinero para los que estamos en el ajo de las redes sociales y la blogosfera. Tengo que agradecerle a él en primer lugar, a @CrisAlcazar  de Bee Social Team y a GlobalCaja el que esta semana pudiera asistir en calidad de invitado a la Feria España Original  en Ciudad Real, celebrada entre los días 8 y 10 de mayo. Mención especial merece mi compañera de viaje durante este día Carmen, alias @CarmenGutiez, tuitera, amiga, bloguera solvente y estupenda profesional del Social Media.

España Original es una feria profesional dedicada a la promoción y apoyo de las empresas manchegas dedicadas a la producción de agroalimentarios con denominación de origen y de calidad. Se trata de una feria muy solvente e impecablemente organizada, pero sobre todo, se trata de una buena noticia. Y es que en medio del marasmo de despropósitos que a diario nos llegan procedentes del complejo mundo económico y financiero de las grandes organizaciones, es agradable ver y conocer la loable tarea que realizan algunas entidades financieras del mundo rural en apoyo de la verdadera generación de riqueza productiva. Basta hablar con la gente del lugar para caer en la cuenta que el mundo de las cajas rurales lleva muchos años siendo otra cosa. Para los habitantes del campo siempre han supuesto mucho más que un simple lugar donde guardar el dinero o pedirlo prestado.

En este caso el papel de GlobalCaja va mucho más allá del apoyo financiero al uso. Actuando como facilitador, ayuda a impulsar el negocio de proveedores, apoya las iniciativas de emprendedores y presta la asistencia tecnológica necesaria a la feria, incluendo acceso web y uso de las nuevas tecnologías de la información. A resaltar la muy positiva iniciativa de la cobertura en redes sociales del evento, el cual pudo comentarse y seguirse a través de Twitter con los hagstags #GlobalCaja y #EspañaOriginal.

 

 
De la atenta mano de Juan Antonio Chapresto, director de Estrategia Corporativa de GlobalCaja (@juanchapresto), Hugo Fernando Caula, responsable de la cobertura del evento en Redes Sociales (@FERNANDOCaula) y demás responsables de Feria España, conocimos la singular Galería de los Sabores, una zona de degustaciones eficientemente creada, en la que el profesional puede entrar en contacto con los distintas producciones y fichas técnicas completas de aceites, quesos, encurtidos, conservas, embutidos y vinos.

             

La segunda parte de la jornada consistió en un recorrido por las entrañas de la feria, visitando stands verdaderamente notorios.

En Can Bech-Just for Cheese comprobamos las deliciosas posibilidades combinativas que unas sofisticadas mermeladas pueden ofrecer al entrar en contacto con determinadas variedades de queso selecto. Maridajes verdaderamente perfectos e inesperados.





En el puesto de La Flor de Guara conocimos a Bogdan, un joven pastor y artesano de origen transilvano criado en Zaragoza y Huesca, que nos cuenta los secretos de un queso curado artesano hecho tan sólo de lo que obtienen de un rebaño de 1.100 ovejas del pirineo oscense. Es una producción primorosa, muy limitada, y de un sabor exquisito, pero él y su gente tienen muy claro que no quieren crecer ni producir más, pues no lo necesitan ni desean cambiar su modo de vida. Toda una declaración de principios.


Los productos que encontramos en el stand de Sabores de Sur no engañan, lo mismo que el acento de Domingo Eiriz y sus Jamones Eiriz, de Huelva. Allí, y de su experta mano asistimos a una demostración de corte y degustación memorables, así como una jugosa disertación acerca de las diferencias organolépticas entre los mejores jamones que en el mundo han sido: Extremadura, Guijuelo y por supuesto, Huelva.




Eleazar Belmonte Martínez es el administrador de Kiele y el causante de que la Meseta castellano-manchega sea un lugar donde la modesta sardina se convierte en algo muy especial: la anchodina de Socuéllamos. Eleazar nos cuenta que antes de embarcarse en esta aventura de las semiconservas con su socio ambos tenían sendos negocios por separado. El uno era pizzero y el otro un minorista de pescado.

Ahora compran la sardina en Cádiz, Málaga o incluso en Portugal. Trabajan la sardina con la misma técnica de la anchoa y obtienen algo nuevo, con un sabor diferente al que se podría esperar, más suave, muy interesante. Y lo que es mejor, a un precio muy competitivo.

A Eleazar, un hombre próximo a la teórica jubilación, de apariencia sencilla pero lleno de energía, le brillan los ojos cuando nos dice que llevan ya diez años esto; que empezaron con crecimientos del 65%, hasta que llegó la nefasta crisis... y que desde entonces "solo" crecen un 10% anual, cosa que desde luego, no está nada mal. Todo ello nos asegura, conseguido con el esfuerzo, entusiasmo e ilusión de una cincuentena de personas, trabajando desde las 6 de la mañana hasta más allá de la hora de la cena habitual de cualquiera de nosotros.

En España venden bien, sus anchodinas se pueden encontrar en los centros de El Corte Inglés, pero no es su prentensión seducir a los gourmets, sino que se codean con la competencia de a diario en los lineales generales de los supermercados. Eso sí, destacando tanto por su envase en frasco más largo y estrecho como por su precio (2,50 € frente a una media de 6,50 € según nos cuentan). Lo último en España ha sido introducirse en un mercado tan a priori complicado para este producto como el catalán. En el exterior, exportan a 10 países, pero el primero por el que empezaron fue... ¡Dubai! No sabemos si por el mar corren las liebres, pero por el desierto, con el entusiasmo adecuado, sí corren las sardinas...

El punto final lo puso el encuentro con Rafael Díaz Salazar, venerable institución y alma mater de esta Feria, que a sus ochenta y tres años conserva un sorprendente caudal de vigor y entusiasmo. Nos contó de sus andanzas allá por los años 60 en los Estados Unidos, con su tomavistas en ristre y del desconocimiento que encontró allí en todo lo tocante a la tierra que le vió nacer. De cómo le dolió que los yanquis creyeran que la sinpar Dulcinea del Toboso fuera si acaso una prostituta que salía en un viejo libro y de cómo entonces decidió que él iba a hacer todo lo posible por poner a su tierra en el lugar que merece a los ojos del mundo. El intenso brillo de los ojos de Rafael al contarnos todo esto me convenció de que se sentía satisfecho de lo que había conseguido.



Agradecimiento especial por la asistencia`prestada durante el viaje a Txema Campillo @Txemacg y mención a mis aplicados colegas y a su vez blogueros @PilarMartinVal, @Amraxx, @Trujalo @PacoAnes @Cocinillas_Es @miotraella @el_primer_paso y @pasean2.


martes, 1 de mayo de 2012

Boicot a la inteligencia

Aún conservo el saludable hábito de despertarme por las mañanas escuchando las noticias de la radio, pero debo confesar que desde hace un tiempo me doy cuenta que eso ha dejado de ser cierto. Me refiero a lo de saludable. Despertarse hoy en día a las siete de la mañana en un día laborable escuchando las noticias se ha convertido en una forma cierta de asegurarse un tempranero cabreo matutino, antes incluso de poner un pie en el suelo.
Invariablemente, cada día las mismas historias resuenan en mis oídos:
Un nuevo recorte presupuestario, una desorbitada subida de precios del servicio de los transportes, el desmantelamiento de los principios universales de la educación y la sanidad públicas, las cifras rampantes del paro, la infame reforma laboral, la prima de riesgo país, las sombrías previsiones de los analistas financieros...

Y sin embargo, todo esto no es lo que más enciende mis ánimos. Hay un subproducto derivado de esta hecatombe con el que no he aprendido a lidiar: en estos tiempos de escasez moral y material vengo observando la proliferación de una curiosa tipología de seres humanos, que bien podría condensarse en el término "soplagaitas". Si ya en circunstancias normales en la vida cotidiana hay abundancia de ellos, en el momento actual parecen haber adquirido tintes de epidemia.

Hay soplagaitas con variados grados de poder y por lo tanto distinto ascendente mediático, por lo que es habitual que sus declaraciones trufen los noticiarios matutinos. De este modo, es frecuente que en mis primeros cinco o diez minutos de incipiente vigilia se cuelen sus interminables sartas de excusas huecas, sus apelaciones a la responsabilidad y al rigor, sus acusaciones a la nefasta herencia recibida, y sobretodo sus promesas de recuperación tras la purga de contrición, absolutamente necesaria según ellos.

Así pues, cada mañana, se me recuerda que todo esto es por mi bien, pues han sido muchos los pecados económicos cometidos por mi y mis conciudadanos, pero muy especialmente, por aquellos que nos gobernaron antes. Una suerte de legado siniestro, un reinado del mal cuya herencia sería la causa y origen de todo lo que nos acontece, incluso sería la causa de la ineficacia de todas las medidas tomadas después de que sus antecesores se marcharan. Incluso también tendrían la culpa de aquellas decisiones que es imposible atribuírseles, en tantos ayuntamientos y comunidades que no han gobernado desde hace mucho tiempo...

Por otra parte el soplagaitas lo es y ejerce sin distinción de cuna u origen. Todos tienen una curiosa cualidad común: desde su burbuja elevada de privilegio y distancia con el mundo de a pie, verdaderamente se creen mejores y más listos que el resto de sus semejantes. Y con tal convencimiento hablan y actúan.

¿No es de solemnes soplagaitas pretender "ganarse la confianza de los mercados"... tal como lo sería intentar ganarse la confianza de un tiburón? Unos y otros solo entienden del beneficio propio y saben oler bien la debilidad de la presa fácil, aunque sin embargo es posible que se retiren si se decide plantarles cara y no vender barata la piel. Seguimos teniendo miedo de perder lo que tenemos. Quizás por eso nuestros dirigentes sacan pecho de puertas para adentro pero se humillan serviles fuera ante quienes ahora detentan el verdadero poder, sin querer admitir que esa justamente es la forma de perderlo todo, con toda seguridad.

Palabras y acciones que indignan y retratan a la pléyade habitual de políticos oportunistas, falaces y advenedizos, pero que también están dejando en sonrojante evidencia a una serie de personajes que deberían ser referente de virtud y principios. En estos tiempos de marea baja están surgiendo a la luz sus miserias y sus auténticos valores personales. Cuando sistemáticamente te lo han tapado todo puede llegar a ser muy fácil seguir poniendo cara a sellos y monedas. A los símbolos hoy más que nunca hay que exigirles que ejerzan como tales, con autenticidad y honestidad. A su entorno familiar, recordadles que nadie es mejor que nadie, y pretender obtener beneficios bastardos a partir de una condición de privilegio para el que no han hecho ningún mérito objetivo debería tener las mismas consecuencias que tendría para cualquier ciudadano. Haberlos apuntalado a todos ellos con secretismo y engaño no es sino otro prolongado, irritante insulto a la inteligencia.

A todos estos ejercicios de insulto a nuestra inteligencia hemos empezado por no prestarles excesiva atención, posteriormente los hemos obviado como parte del paisaje y finalmente hemos acabado por aceptarlos como algo inevitable. Hemos boicoteado así nuestra propia inteligencia, por puro hastío o dejación. Porque tan culpable es el que insulta como el que es insultado, cuando no se hace nada por poner coto a la ofensa.

Nuestro conformismo debe tener un límite, sólo cabe esperar que no reaccionemos demasiado tarde. Que el camino desandado no sea excesivo. La historia nos enseña que es muy fácil destruir, increíblemente sencillo para cualquiera de los irresponsables que han contribuido a formar esta tormenta perfecta: una obtusa en Alemania, un narcisista desorientado en Francia, un miedoso indeciso en España y un montón de cínicos de todo pelaje que cada día insultan tu inteligencia, desde primera hora de la mañana.


lunes, 23 de abril de 2012

La pasión de las piedras

 
Como humanos a menudo nos empeñamos en ver las cosas según nuestras preferencias. Así, si un día salimos al campo y reparamos en esos elementos tan cotidianos del paisaje como son piedras que encontramos en el camino, seguramente querremos creer que son objetos fríos, duros e inertes. 
 
Pero no para Luis Eguiluz, un veterano geólogo estructural, investigador y profesor, vitoriano recio y chaparro. Treinta años pateándose las serranías, las cuencas fluviales y las cunetas de toda Extremadura. Leyendo cada detalle de un paisaje al que ha dedicado su vida. Una vida que vuelca incansable en un torrente caudaloso de conocimientos ante cualquiera dispuesto a escuchar. Manteniendo intacto el anhelo por conocer y a explicar todo lo que es y está, lo que ha sido y será en ese pedazo de cáscara de planeta que pisamos.

"El corredor blastomilonítico de Azuaga". Hay poesía en la pura y en apariencia desapasionada, objetiva descripción del viaje de las piedras sobre la capa de la Tierra, mucho antes de que esta vieja bola que nos acoge ni siquiera soñara aún a los humanos. Durante dos días, guiados por el verbo incontenible de Luis fuimos capaces de asomarnos a otra escala, a otro tiempo inconmensurable. Recuerdos de hace quinientos ochenta millones de años, ecos de un mundo primigenio, convulso y distinto. Ante nuestros ojos lo que siempre habían sido piedras mudas y muertas empezaron a hablar, y revivieron la primera Pangea, y nos hablaron de Gondwana, de Armoria y de Avalonia.  

Porque las piedras habitan en un mundo esdrújulo y si se les pregunta adecuadamente explican una historia que cuenta toda su tortuosa pasión de presiones, pliegues, fracturas y metamorfosis: Cámbrico, devónico, silúrico, canomiense; mármoles, anfibolitas, arcos, subducciones, deformaciones;  protolitos, serpentinitas, rocas ígneas, sílices y calcosílices, cuarcitas negras, piroxenos, esquistos, gneises...

Ahora puedo entender porqué toda esa pasión ancestral de las piedras es irresistible para el puñado de iniciados que entran en contacto con sus secretos, y arrastrados por ella, olvidan su mundo de carne y hueso. Ese es sin duda el caso de Luis, el veterano geólogo, y también fue según se cuenta el de aquel nazi que en los años treinta y cuarenta cartografió el mapa geológico de media España, empeñado en la búsqueda del oscuro y precioso mineral de wolframio. Un trabajo magnífico según dicen, pero claro, como perdió la guerra quedó sin terminar, lo cual no dejó de ser una pena... Aunque fuera alumbrado a la sombra de una de las más negras pasiones de los hombres, tan distintas todas ellas de la eterna pasión de las piedras.


lunes, 16 de abril de 2012

La caja



 
Relato mutuamente inspirado y compartido con Blanca

"Abrir solo en caso de acoso" - leyó detenidamente la inscripción grabada al fuego en elegante letra inglesa sobre la tapa de la minúscula caja, de olorosa y oscura madera tropical. Y aunque sabía de sobra que aquel no era el caso, no pudo resistir la tentación de posar su mano sobre la tapa.

El olor a sándalo que desprendía hizo que diera un paso hacia atrás. ¿Quién era el personaje que había dejado la preciosa caja a la puerta de su casa? El corazón latía más fuerte que nunca deseando conocer algún dato, indicios de una aventura. En el fondo encontró una llave de oro, cincelada a mano, diminuta. De ella colgaba un hilo de plata con una inscripción. Podrás intuir la verdad de cada una de las almas que te atormenten. La llave cambiará de tonalidad cuando notes algún peligro acechándote.

Con la caja en sus manos, se dirigió a la estancia principal de la casa. Ya en el salón, dejó la caja en la mesa baja frente a la chimenea y tomó asiento frente al fuego. En las brasas cercanas había un puchero de barro, con su contenido casi a punto.

"Algún peligro..." Enigmática, inquietante promesa que empezó a vagar por su mente. Pero ¿a qué o a quién podía temer? "...acechándote"

Su vida distaba ya demasiado lejana de aventuras y peligros. Sonrió ensimismada: aquello fue casi otra vida, otro tiempo. Apenas lo recordaba ya. "A no ser que..."

En ese momento, el teléfono empezó a sonar con fuerza en su bolsillo, sobresaltándola. Antes de decidirse a contestar, volvió la vista a la pequeña caja de madera. El teléfono seguía sonando. Al fin se decidió y levantó nuevamente la tapa. La llave estaba en su interior, brillando intensamente en un tono extraño y distinto, como seguramente no lo había hecho nunca jamás.


 Ilustración: “Los colores de la vida” por Blanca

jueves, 12 de abril de 2012

Los días son números

Hoy como ayer, ayer como cada día. Y mañana.

Los días son sólo números, no importa esa cuenta. Importa lo que aparezca tras tu mirada, todo lo que has vivido, y todo lo que te espera por vivir. Por que hay algo que le da sentido a toda tu búsqueda, y no es la suma de todas las horas, días y años pasados, sino la colección de instantes de nuestras horas, de todos los recuerdos, de tanto dicho y hecho. Compartir y guardar lo mejor de unas vidas, las nuestras. Alimento desde lo más profundo de nuestras almas.

Esa es mi cuenta, esa es mi elección. Nuestra colección, nuestra suma, eso es lo que cuenta para mí.

Gracias por todos los días, gracias por seguir ahí. Muchas, muchas felicidades.

Para Ángela

miércoles, 4 de abril de 2012

¿Cuándo cambiamos el "no hay derecho" por el "qué le vamos a hacer"?


Publicado en @diariofenix

Recuerdo con nostalgia aquellas tranquilas noches de verano del 93 devorando los episodios de Star Trek: La nueva generación. Era más joven, acababa de aprobar mis primeras oposiciones y esperaba con ilusión el futuro. Todo era posible. En esta magnífica serie de ciencia ficción, repleta de episodios memorables, se abunda a menudo en el concepto filosófico de que el progreso de la humanidad es algo inevitable, continuo y lineal. Que la razón y el bien triunfan siempre. Que el progreso tecnológico y cultural está indefectiblemente vinculado a la erradicación final de todos los conflictos y desigualdades.

Gene Roddenberry creó esta serie en un momento singular de nuestra historia, los convulsos años 60 del siglo XX. Y aunque no pretendo en absoluto considerar ese periodo de la historia fuera una época feliz, lo cierto es que en esa década se alumbró la optimista creencia de que el futuro es una línea ininterrumpida de avance hacia la luz;  que todas las dificultades pueden ser superadas; que la razón y la verdad triunfan sobre los viejos preceptos y prejuicios del mundo anterior a las grandes guerras, sobretodo gracias al empuje voluntarioso de un colectivo creciente de ciudadanos libres y conscientes, dispuestos a transformar el mundo en el que viven.

Recuerdo todo esto, casi veinte años después y no puedo sino comparar con los tiempos que corren hoy en día, en medio de la quizás sea la peor crisis económica y moral de la historia reciente. Así hemos asistido al inexorable triunfo de un modo de pensar, gobernar y hacer negocios en exclusivo beneficio de una casta de unos pocos y cada vez más codiciosos privilegiados. Para ello, éstos han seducido, comprado, convertido y confundido las voluntades de muchos, han manipulado y subvertido nobles principios e ideales elevados. Han especulado con los recursos, las vidas y el destino de millones de seres con el objetivo de asegurar la obtusa preeminencia de sus intereses, arrastrándonos a todos hacia un espejismo insostenible. Y cuando el castillo de naipes se ha venido abajo con estrépito, han sabido mantener el control con astucia, encontrado la manera de sobrevivir por encima de toda la ruina y desolación causada, asegurándose su futuro a costa de empeñar el de los demás. Los lobos de antaño visten ahora batas de médico y recetan sangrías al manso y temeroso rebaño en el que parece haberse convertido nuestra sociedad.

Muchas veces me pregunto: ¿en qué momento de nuestra historia reciente dejamos de gritar "no hay derecho" y empezamos a conceder "qué le vamos a hacer"?

 De este modo, hoy en 2012, y habiendo conocido el máximo desarrollo tecnológico de nuestra existencia, dotados de omnipresentes y maravillosas herramientas de comunicación y con plena acceso a información ilimitada, no somos una sociedad más perfecta,  no somos más pacíficos, no nos gobernamos mejor, no hemos acabado con las desigualdades, no hay menos injusticia. Y hemos aprendido a conformarnos, a mirar para otro lado y queremos creer que nada de esto va con nosotros. Mientras tanto, la hierba desaparece bajo nuestros pies. Nos quejamos cuando falla la conexión 3G, pero ya no sabemos indignarnos cuando estamos a trance de volver a trabajar en las mismas condiciones legales de hace 200 años. Seguro que en la idea de progreso de Gene Roddenberry no se contemplaba que algo así pudiera suceder jamás en una sociedad avanzada cultural y tecnológicamente...

Respecto a esto último, he leído y oído decir mucho últimamente frases del estilo de "A mi no me va a pasar" o "¿Huelga? Ganas no me faltan pero..." Pues no, opino yo: si que te faltan. Y luego te faltará todo lo demás. Porque por desgracia Gene Roddenberry se equivocaba. A partir de cierto punto el camino de la humanidad no es ya aquella línea recta hacia la luz del progreso. No hay ninguna garantía de que el desarrollo tecnológico y cultural ayude a traer el bien y la justicia universales. En realidad todo sigue y seguirá dependiendo de lo mismo de siempre: la compleja, voluble y contradictoria esencia de la naturaleza humana.


martes, 27 de marzo de 2012

Durante la marea baja

 (Publicado en @diariofenix)

Se acercó al borde del acantilado para contemplar el océano. La fresca luminosidad del sol de marzo bañaba la ancha playa que se extendía a sus pies, alejándose de su vista en ambas direcciones hasta fundirse con la bruma marina. La marea baja estaba en su apogeo. No tardó mucho en verlo él también. Como todos los demás, decidió bajar y acercarse a ver qué era aquello.

Durante la marea baja a veces el mar se retiraba muy lejos, dejando a su alcance parte de un territorio extraño y ajeno. Después de muchas generaciones seguían respetando y temiendo a aquel mar inmenso, que siempre había sido honesto con ellos. Hacía mucho tiempo que sabían que en marea baja siempre aparecía la verdad desnuda, por unas horas, mostrándose a los ojos de quien quisiera verla. A veces era rica y brillante, a veces descarnada, siempre secándose bajo el sol. Y de este modo habían aprendido que todo era cambiante, que nada podía ser para siempre, nada salvo quizás el gran océano en su eterno ir y venir ante ellos.

Con el tiempo se habían acostumbrado a explorar en los límites de aquel reino vedado y hostil, sospechando con cada nuevo hallazgo que quizás existía algo más allá de todo lo conocido, más allá de su isla, otro mundo muy distinto al suyo.

A veces la marea baja les dejaba indicios de sus sospechas, pero nunca como aquel día.

Lentamente se fueron acercando todos, hasta casi tocar el gran objeto, inmenso, inabarcable, incomprensible. Mientras tanto el océano seguía ahí, muy cerca, rugiendo y vibrante de espuma. Pronto volvería sobre ellos, trayendo un cielo cambiante, portador de nuevos vientos racheados desde más allá de sus mismos límites. Fue él, como jefe de la tribu, el primero en tocar el frío y recio metal. Instintivamente retiró su mano y retrocedió unos pasos. Entonces volvió su vista al profundo mar oscuro y asió con fuerza su lanza, pues comprendió que pronto no tendrían a donde ir.

martes, 20 de marzo de 2012

De bestias pardas y carácter


(colaboración para @diariofenix)

Hace ya un tiempo y en razón de mi profesión durante varios años me hallé detrás de un mostrador atendiendo a (no pocas) personas y porqué no decirlo, también a algún que otro personajillo. Fue un periodo de mi vida laboral que hoy retrospectivamente considero fue intenso, duro en ocasiones pero globalmente muy gratificante.

Recientemente, y debido a un nuevo aspecto concreto de mi actividad profesional, nuevamente me encuentro atendiendo un mostrador, mucho más amplio y diverso, aunque esta vez sea de modo virtual. Y estoy en disposición de constatarlo: me estoy dando cuenta que mucha gente confunde el ejercicio de sus legítimos derechos como ciudadano con una oportunidad para poder demostrar una enorme capacidad de sacar lo peor de sí mismos. Ahí afuera existe una bestia parda frustrada por mil y un motivos, dentro de muchos de nuestros congéneres que agazapada, espera su ocasión.

Muchas veces, cada vez con más frecuencia veo surgir a esta bestia cobarde, porque salvo contadas ocasiones es absolutamente incapaz de manifestarse cuando se trata de un mostrador físico, cara a cara. Sin embargo hoy en día tras la distancia y el anonimato que confieren las nuevas tecnologías se siente fuerte y segura. Y así, embriagada de valor por el poder que le es conferido a través de un smartphone o del teclado de un ordenador portátil, la bestia se expresa en líneas plagadas de exabruptos, con frecuentes faltas de ortografía e incoherencias con las que suele salpicar la causa de su queja, consulta o exposición de razones.

En tales casos es cuando se suele decir que tenemos un problema profesional que es preciso abordar con la adecuada mesura y tacto, a fin de limitar su alcance y efectos potenciales. Para eso se siguen determinados procedimientos y protocolos. Se considera que tenemos un problema, cuando en realidad siento que no lo deberíamos tener, cuando en mi fuero interno estoy convencido que el problema lo tiene el propietario de la bestia parda suelta en la red; y sé que mi respuesta personal diferiría mucho a la que como empresa daré. Creo que reclamar no equivale a tener el campo libre para el grito, la descalificación o el insulto. Que el derecho pueda estar de parte de uno no le otorga ninguna ventaja o superioridad que justifique tal comportamiento. Más aún, es la forma de perder buena parte de la razón que se pudiera tener. Así de simple.

Sé que hacemos lo correcto una y otra vez abordando del modo en que lo hacemos la lidia de las bestias pardas sueltas que de vez en cuando nos acometen por la red, pero también estoy íntimamente convencido de que estamos perdiendo un terreno que es nuestro, permitiendo una subversión de la razón moral. Otorgándole el poder que desea obtener a aquel que nos veja o ataca gratuitamente. En este sentido, confieso que alguna vez no lo he podido evitar: en alguna ocasión he respondido a algún energúmeno de forma menos convencional y he envuelto la asepsia corporativa con una cierta dosis de ironía, constatando un resultado muy curioso e íntimamente satisfactorio: las bestias pardas suelen tener dientes y garras muy afilados pero en cambio la piel propia les resulta muy fina...

Quizás sea por una suerte de cobardía distinta, al no querer más problemas de los ya existentes, no nos atrevemos a distinguir claramente entre lo que sí es admisible y lo que nunca estará justificado o debería ser tolerado. Pero esto no es nada nuevo ni achacable al progreso. Ha existido siempre: el carácter.

Ay, el carácter... he oído demasiadas veces eso de "es que fulanito tiene un carácter...", o "es que yo tengo mucho carácter", como si se tratara de una suerte de fuerza mayor inevitable que todo lo explicase. Que eso es lo que hay. Pues no. No nos tiene porqué valer. A mi desde luego, no. ¿En qué momento de nuestras vidas decidimos asumir que carácter es lo mismo que mal genio, mala educación o simplemente mala baba? ¿Porqué rendir pleitesía a tales demostraciones de violencia? Porque yo, por carácter entiendo algo muy distinto.

El verdadero carácter es otra cosa, una buena cosa. Es lo que tienen algunas personas que no necesitan alzar la voz, gritar o vejar a sus semejantes para hacer llegar su mensaje, muy alto, muy claro y muy lejos. Carácter es lo mismo que determinación, coraje, honestidad, abnegación, respeto y entereza. Eso es carácter. Lo demás es sólo la bestia parda que quizás anide un poco dentro de todos nosotros.

domingo, 11 de marzo de 2012

Un mundo sin lluvia

Despertó en medio de la sofocante penumbra. Lo había oído claramente. Sin moverse aún del sucio catre alzó su vista hacia el techo. Debía ser más o menos mediodía, pero los agujeros en el metal corrugado no dejaban pasar la luz del mismo modo que todos los días. El siguiente trueno no tardó en llegar y se oyó más cerca. Se levantó y salió fuera de la chabola.

Una ráfaga de viento fresco revolvió su cabello. Frente a él halló como siempre la figura de aquel viejo, inmóvil, sentado en su desvencijado y polvoriento butacón orejero, ante la puerta de su minúscula cabaña. Cruzaron brevemente sus miradas. Después el viejo volvió de nuevo a alzar su vista hacia la lejanía.

Todo el valle se hallaba extrañamente en sombras. Mucho más allá, al norte, las altas montañas grises hoy no se alzaban en medio del fulgor inmisericorde de la luz solar. Por el contrario, unas enormes nubes de plomo negro se abatían sobre ellas. Por todo el poblado más puertas se abrieron. Un rumor de pasos arrastrados sobre la tierra seca llegó hasta los dos hombres. Tras ellos se formó una pequeña multitud silenciosa salida de entre la lona, el latón, la basura y el óxido. A sus espaldas quedaban cuatro altas sombras de hormigón y cristal languideciendo, abandonadas desde hacía mucho tiempo a su ruina. Vago recuerdo de un mundo que había sido el suyo, muy distinto. Ahora tan sólo eran una gente acostumbrada a perder, resignados a aceptar una derrota tras otra.

Otro trueno, mucho más cercano retumbó largamente sobre sus cabezas antes de extinguirse. Todo el poblado había salido a la calle, todos contemplaban al cielo. Con los ojos muy abiertos, en muda y tensa espera durante largos minutos. Recordando aquel sonido casi ya olvidado.

Finalmente llegó un último trueno, alejándose, perdiéndose más allá de las altas montañas. Poco después el cielo volvió a abrirse otra vez sobre ellos, y el eterno sol inclemente volvió a caer sobre aquella gente, habitantes de tierras y almas resecas. Poco a poco todas las miradas bajaron de nuevo al suelo. Un viento seco y cálido recorrió el poblado, levantando remolinos en el polvo, marcándoles el retorno a la calma, al conformismo de su pequeño mundo descastado. Y todos volvieron lentamente a sus reducidas vidas, en aquel yermo pedazo de tierra sin esperanza.

Pero él no se movió, y siguió contemplando las nubes negras cargadas de lluvia que se alejaban. Miró a su alrededor. El viejo seguía ahí a su lado, silencioso e inmóvil en su butacón, contemplando el horizonte. En su cara había un rictus de resignación. Entonces cerró sus puños y tomó la decisión: tenía que irse de allí. Coger sus cosas y alejarse cuanto antes de aquel mundo sin sangre, sin rastro de fuerza vital. Abjurar de la mansa destrucción de un pueblo desnortado, invadido por el miedo. Y dejar atrás aquel mundo sin lluvia.