Discurría la tarde de verano volviendo por el camino de Matamala. La limpia luz dorada del sol poniente cayó sobre sus ojos al enfilar una larga recta. Suavemente aceleró mientras contemplaba los ondulantes campos amarillos de cereal, a un lado y otro de la carretera. El pueblo ya estaba cerca, pero antes, a su derecha y tras una curva a la izquierda deberían aparecer los esbeltos chopos de la fuente del Pradejón. Así fue. Entonces se acordó de todo.
Quizás aquel lejano recuerdo no valía ya un alto en el camino, pero aún así ya había parado en lo que ahora se le antojaba un lugar desprovisto de todo interés. Extrañado de su propio desapego, bajó del coche y recorrió con la mirada el paraje. Buscaba un olmo viejo y grande.
Hacía ya muchos veranos del chico del Mehari azul; fue la auténtica sensación de aquellos años. En una época en la que todos despertaban a muchas cosas de la vida, él supo sacar buen partido de su ventaja. Con sus cuatro ruedas y su sonrisa arrasó un mundo de bicicletas y un puñado de ciclomotores para cambiarlo todo. Cayeron bajo el influjo, se los llevó a todos y a todas de calle. A todas, si...
Empezaron los años del Mehari. Y es que un coche sin techo como aquel podía hacer promesas sin límite: las nuevas expectativas, el sol y el viento en la cara, los nuevos lugares, las fiestas sin fin, las noches de vino y estrellas, los nuevos juegos, y por encima de todo, la insuperable, embriagadora sensación de libertad...
Los kilómetros pasaron con rapidez y con ellos los días de aquel verano. Hasta que un día amaneció fresco y nublado, y por fin llegó la lluvia. Aquel día no hubo risas. Por primera vez un desacuerdo, una contrariedad. Por primera vez un reproche, y las primeras palabras malsonantes asomaron en la boca del simpático chico del Mehari.
Aquel día de lluvia, algunos empezaron a darse cuenta de que el chico del Mehari no era tan joven, que su sonrisa no era eterna, ni el coche, pese a todo, tampoco lo era tanto.
Al año siguiente, el chico del Mehari volvió al pueblo con su desenvuelta sonrisa de verano, pero esta vez se encontró con algunos cambios. Junto al corrillo de la que fue su gente las bicicletas habían dado paso a las Vespinos y un par de Montesas de 50 CC. Muy cerca, un reluciente SEAT Ritmo lanzaba destellos de verde metalizado.
Resultó que al chico del Mehari no le gustaban los cambios, no cuando no venían con él. Una noche de sábado, al calor de la borrachera se fue directo hacia el del Ritmo. Que supiera que no habría nunca nada como su Mehari, que él les había traído la verdadera esencia del verano y que lo habían dejado colgado. Que por eso eran unos traidores, unos desagradecidos. Que a partir de ahora se lo montaran como pudieran. Y que les dieran.
Ese verano la parroquia del Mehari cambió y poco a poco fue a menos. Algunos empezaron a ver que su carrocería de plástico se llevaba mal con los golpes, que la capota no encajaba bien, y que el viento silbaba, molesto, al pasar al interior. Que los treinta y tantos caballos de sus dos cilindros perdían su juvenil alegría a plena carga y en subida.
La última del chico del Mehari fue cuando quiso retar al del Ritmo a una carrera. "Vamos a la recta de Matamala, guaperas, y vemos quien es el mejor". Por entonces a nadie se le escapaba ya que un Mehari apenas superaba los 100, y eso recién salido de fábrica; pero aquel era ya un coche viejo y quien lo conducía penas se tenía en pie, ciego de cubatas y orgullo herido. El otro ni se dignó a responder, dejándolo con la palabra en la boca. Furioso, dicen que lo vieron salir del pueblo y embocar la carretera de Matamala a todo lo que daba la máquina. Seguramente no llegó a los 100 Km/h, pero fue suficiente para desintegrarse junto con su Mehari cuando se estampó contra el gran olmo que aún crece junto al modesto muro de piedra de la fuente del Pradejón.
Allí estaba. Se plantó de nuevo ante el viejo árbol. Rodeándolo, buscó alguna señal en la centenaria corteza. En efecto, tal y como se dijo entonces, el impacto no había dejado huellas apreciables en el árbol. No pudo evitar una tenue sonrisa: al final tampoco la había dejado entre los que lo conocieron.
miércoles, 11 de julio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
Baldosas sueltas
"Las baldosas sueltas te calan entero"
@Mertxe_Beriain
No lo podía creer, era inconcebible. Los ecos de un sonoro exabrupto aún resonaban en los oídos de los transeúntes que en aquel momento pasaban por su lado. Irritado, contrariado, confuso, permaneció inmóvil en medio de la acera, concentrando las miradas de todos los presentes.
Incrédulo, contemplaba como su elegante pie derecho seguía dentro de aquel gran charco. La antes negra y brillante piel del mocasín se estaba tornando blanda y pardusca con rapidez. Las dos perneras del pantalón, completamente empapadas por el agua sucia del charco, habían empezado a dejar pasar la humedad hacia la piel de su portador.
El frio contacto de la ropa calada lo enfureció aún más. Sus nuevos pasos sobre la acera habían perdido toda la prestancia, todo el orgullo. El mocasín derecho emitió un ruido grotesco al desembolsar parte del agua acumulada. Levantó la vista hacia la entrada: lo estaban esperando en pleno, nadie había perdido detalle. Nunca le había importado donde había pisado, hasta aquel mismo instante. Por primera vez en su vida supo que aquella puerta estaba más lejos que nunca.
martes, 19 de junio de 2012
La bofetada
Como plomo fundido en la gran sala de juntas, el denso, sofocante, espeso silencio había caído sobre todos los presentes.
Una mano se había alzado desde la mesa sobre la que reposaba. Ya en alto, había permanecido inmóvil por un brevísimo instante, apuntando hacia el techo sus cinco dedos abiertos en extensión. Finalmente, una vez provista de toda la carga cinética que pudo atesorar, había descrito un amplio, elegante, veloz arco descendente ante la vista de todos. Hasta caer directamente y de pleno contra aquella mejilla.
jueves, 7 de junio de 2012
El reencuentro
Empezaba
a clarear mientras dormitaba con los pies sobre la mesa intentando reposar la
sangría de la verbena nocturna que le habían obligado a tragar como forastero
“ilustre”. El joven guardia civil recién llegado al Puesto se había sentido
como la diana perfecta de miradas y cuchicheos. Trató de despejarse con un café
con leche y una magdalena convertida casi en engrudo al pasar por su garganta.
Rumiaba su maldito destino en aquel pueblucho, mientras su mente volaba hacia
una rebanada de pan con manteca colorá.
El
sonido del teléfono le apartó de las delicias culinarias de su tierra y una voz
entrecortada y ronca le habló algo de unos huesos en una casa. “Bah, voy para
allá. Serán de algún animal…”
Un
vago olor a podredumbre le revolvió las tripas, aún más. Aquel esqueleto del
pasillo era humano, muy humano. El susto le dejó la mente en blanco. “Maldita
sea. ¿Y ahora qué? ¿Qué? Algo de un atestado, el forense, claro, y el juez…”
Salió con la magdalena avanzando por su esófago y se topó con el alcalde en
mitad de la calle. “¿Qué pasó joven? ¿Por qué sale de la casa del Manolo si no
vive aquí desde hace diez años o así?”. Mientras intentaba hilvanar una confusa
explicación, vio salir de otra casa a una vivaracha anciana de mejillas rojas
como manzanas. “Buenas, don Mariano. Hola, majo. ¿Qué pasó?” Le dedicó un guiño
especial al aturullado agente. La magdalena amenazaba ya con saltar de su
garganta.
El
corrillo de vecinos y forasteros de fiesta que les rodeaba había ido en
aumento. Casi gritando, el guardia civil intentó restaurar su dignidad y poner
orden. ¿Cómo era posible que hubiera un esqueleto allí después de tantos años,
un esqueleto que a todas luces tenía que ser el señor Manolo? ¿Cómo nadie se
había dado cuenta?
-Mire
usté, majo –dijo la anciana limpiándose las manos sobre el mandil- el Manolo
era muy suyo. Todo el día en el campo y a su aire. Y dos no hablan si uno no
quiere, o algo así, dice el refrán. Y aquí también somos muy nuestros. Y si
alguien no quiere dar explicaciones, no las pedimos. Y a otra cosa, mariposa. Y
aquí paz y después gloria. Cada vez se va más gente del pueblo. Sólo quedamos
cuatro gatos y mal repartidos. Pero somos buena gente, joven, no vaya usté a
pensar. Mi marido y yo guardamos al chucho del Manolo cuando lo vimos atado a
la puerta de la casa, muertico de hambre. Y eso que no nos sirvió para cuidar a
las ovejas. No ladra, fíjese qué raro. Un perro mudo. Ahora ya es tan viejico
como nosotros, una buena compañía.
Como
si hubiera estado atento a la llamada, el perro sin nombre avanzó lento, muy
despacio, y atravesó la puerta frente a la que durante tantos días gimió sin
respuesta. Un largo lamento de pena resonó al mediodía, y acalló de súbito
todas las voces.
El
primer lamento sincero por Manolo llegaba del único amigo que tuvo en vida.
Después, el viejo can se tumbó en el suelo con la cabeza muy cerca de cráneo
del muerto, con la mirada fija en él, inmóvil. Durante unos instantes nadie
habló, y se instaló una suerte de silencio de velatorio en el que nadie osó
acercarse ni al animal ni al muerto.
-
Quizás habría que llevarse de aquí al perro... - comentó al fin el alcalde,
dirigiendo su mirada al representante de la autoridad.
-
Por el momento no lo creo necesario, el pobre animal al fin y al cabo parece
tener claro que se ha reencontrado con su dueño, y por lo que se ve, él sí lo
echaba en falta ¿no les parece? - Quizás fuera por su acento andaluz, pero para
muchos de los presentes el tono de voz del agente parecía haber apuntado un
cierto deje de sorna. Sin embargo, nadie dijo nada.
Poco
a poco las voces volvían a surgir en el heterogéneo grupo, aunque mucho más
atemperadas.
-
A ver, aquí no tienen nada que hacer; hagan todos el favor, vuelvan cada uno a
lo suyo. – La magdalena definitivamente se había asentado en el estómago del
joven guardia. Más sereno, reparó en que alguno de ellos tuvo que ser quien le
llamase después de encontrar el cuerpo. Pero, poco a poco. Ya habría tiempo de
cuadrar preguntas y respuestas.
-
Don Mariano, ¿quiere usted ayudar? ¿puede quedarse en la puerta y me impide que
entre nadie? Y usted, señora -dijo dirigiéndose a la anciana - usted que
conocía al muerto, ¿puede venir conmigo adentro un momento? Voy a hacer un
primer registro visual.
El
agente y la mujer penetraron en la rancia atmósfera de la casa. Avanzando por
el pasillo en penumbra, dejaron atrás la esquelética figura inerte acompañada
por el perro hasta llegar a comedor. Allá donde se posaban sus ojos sólo había
una abandonada y densa suciedad, oscura y polvorienta que cubría los escasos
muebles de la estancia. Se hallaban en una cápsula del tiempo, de un tiempo ya
muerto y congelado, donde todo indicaba que la felicidad nunca tuvo demasiada cabida. Sobre una mugrienta
mesita redonda apareció un diario doblado con las últimas noticias que Manolo
conoció: la apergaminada portada mostraba la humeante zona cero de Nueva York.
Justo debajo asomaba lo que parecía una roñosa carpetilla blanca. Quizás se
tratase de un documento identificativo.
El guardia tiró de la esquina que
sobresalía y la tomó en sus manos. Resultó ser una cartilla veterinaria. En la
primera página se relacionaban los datos de un perro. El guardia levantó la
vista por un instante hacia el viejo animal que seguía inmóvil en medio del
pasillo, ajeno en su velatorio de los huesos del muerto. Volvió los ojos al
documento:
Fecha de nacimiento: Indeterminada
Raza: Mestizo común
Nombre: "Cotufo"-
leyó en voz alta el joven guardia.
En
ese momento, desde fondo del pasillo, el viejo can alzó primero la cabeza hacia
el guardia, después se incorporó y a continuación, echó a andar con un trote
asombrosamente ligero para su edad. Atravesó el pasillo hasta plantarse ante
los pies del hombre y sentándose de nuevo sobre sus cuartos traseros prorrumpió
en un ronco y breve ladrido, poniendo fin así a su largo silencio de diez años. El
guardia no pudo reprimir poner su mano sobre la cabeza del animal, que mantenía
sus ojos brillantes, fijos en él. Para Cotufo todo volvía a estar bien: Al
menos había vuelto a casa y había recuperado su nombre.
jueves, 31 de mayo de 2012
El mayor de los olvidos
Lo supo desde que amaneció. No lo iba a conseguir. Él no, y probablemente tampoco ninguno de sus compañeros.
"Dependemos de vosotros, aguantad todo lo que podáis y luego os retiráis también." Los tres hombres intercambiaron miradas amargas desde sus puestos de tiro. Se habían llegado a conocer bien tras muchos meses de dura lucha. Lo que tenían enfrente no dejaba margen alguno para la segunda parte de esa orden. No si se quedaban; no si cumplían con su deber.
Guardó en su macuto el tubo de brillantina para el pelo y su cepillo de dientes. Que la muerte nos encuentre presentables cuando llegue. No somos unos cualquiera, somos los escogidos, somos los últimos de la XV Brigada.
Son una pequeña parte de un mundo, una minúscula fracción de un ideal que agoniza, abandonado y traicionado. Los tres defensores de la cota 562 se han quedado atrás voluntariamente, frente a toda la adversidad que se les viene encima. No están del todo solos: les apoyan desde tres blocaos adelantados a su posición, construidos en buen cemento. Pero para su desgracia, los de enfrente han sacado tres tanques. Son T-26 capturados, de los que una vez estuvieron en su propio bando, cuando quizás otro final aún era posible. Impotentes en su posición elevada, los tres hombres ven cómo las tres bestias mecánicas se encaminan en solitario directamente hacia los blocaos. Van a hacer el trabajo sucio a quemarropa; no hay opción para sus defensores.
Sea pues. Vamos hasta el final y que lo paguen. Como lo acaba de pagar ese confiado oficial nazi del otro lado, justo al principio del ataque. A través de la mira telescópica de su Mosin Nagant lo ha visto soltar sus prismáticos y caer. Un disparo afortunado en el límite del alcance efectivo. Pero sabe que dificilmente lo podrá contar en casa...
Pasan un par de horas, y ya no necesita de mira alguna para ver las caras de sus enemigos. Recargar otro peine de balas, apuntar apenas y disparar. Sentir el culatazo tosco de ese fusil ruso en el hombro. Una y otra vez. Resistir, mantenerlos a raya, ganar tiempo para su gente, para todo en lo que aún cree. Sus vidas a cambio de algo de tiempo, un puñado de horas al menos. Que otros puedan seguir intentándolo después de ellos...
Ya están aquí, se les van a echar encima. Los puede oir perfectamente, más allá de los sacos terreros que le protegen. Ya no puede saber si sus compañeros siguen aún ahí, vivos. Una recia voz con un acento distinto al suyo llega a sus oídos: "¡granadas!". Él antes les ha lanzado dos de las suyas. Consigue sacar las tres primeras que entran en la trinchera, mientras las balas zumban a su alrededor, buscándole. Las devuelve con fría serenidad de veterano, en un siniestro juego de la patata caliente que no puede permitirse perder. La última también la ve venir. La recoge del suelo a sus pies y la sostiene en su mano por un momento, pero esta vez ha llegado tarde.
En ese instante su mano derecha desaparece, y mientras la metralla entra en su pecho y sus entrañas, se van para siempre su madre, sus seis hermanos, su viejo barrio de calles empedradas entre el puerto y la montaña, los amigos de la escuela, aquella vecina tan simpática de ojos negros y brillantes, los veranos en la playa y las largas jornadas en la fábrica. También se termina toda la euforia, toda la rabia y toda la angustia de aquellos largos años de insoportable inquina y destrucción. Y ya en el fondo de su trinchera, le acoge para siempre su destino, el verdadero y definitivo hogar de los últimos héroes del Ebro: El mayor, el más amargo de los olvidos.
"Dependemos de vosotros, aguantad todo lo que podáis y luego os retiráis también." Los tres hombres intercambiaron miradas amargas desde sus puestos de tiro. Se habían llegado a conocer bien tras muchos meses de dura lucha. Lo que tenían enfrente no dejaba margen alguno para la segunda parte de esa orden. No si se quedaban; no si cumplían con su deber.
Guardó en su macuto el tubo de brillantina para el pelo y su cepillo de dientes. Que la muerte nos encuentre presentables cuando llegue. No somos unos cualquiera, somos los escogidos, somos los últimos de la XV Brigada.
Son una pequeña parte de un mundo, una minúscula fracción de un ideal que agoniza, abandonado y traicionado. Los tres defensores de la cota 562 se han quedado atrás voluntariamente, frente a toda la adversidad que se les viene encima. No están del todo solos: les apoyan desde tres blocaos adelantados a su posición, construidos en buen cemento. Pero para su desgracia, los de enfrente han sacado tres tanques. Son T-26 capturados, de los que una vez estuvieron en su propio bando, cuando quizás otro final aún era posible. Impotentes en su posición elevada, los tres hombres ven cómo las tres bestias mecánicas se encaminan en solitario directamente hacia los blocaos. Van a hacer el trabajo sucio a quemarropa; no hay opción para sus defensores.
Sea pues. Vamos hasta el final y que lo paguen. Como lo acaba de pagar ese confiado oficial nazi del otro lado, justo al principio del ataque. A través de la mira telescópica de su Mosin Nagant lo ha visto soltar sus prismáticos y caer. Un disparo afortunado en el límite del alcance efectivo. Pero sabe que dificilmente lo podrá contar en casa...
Pasan un par de horas, y ya no necesita de mira alguna para ver las caras de sus enemigos. Recargar otro peine de balas, apuntar apenas y disparar. Sentir el culatazo tosco de ese fusil ruso en el hombro. Una y otra vez. Resistir, mantenerlos a raya, ganar tiempo para su gente, para todo en lo que aún cree. Sus vidas a cambio de algo de tiempo, un puñado de horas al menos. Que otros puedan seguir intentándolo después de ellos...
Ya están aquí, se les van a echar encima. Los puede oir perfectamente, más allá de los sacos terreros que le protegen. Ya no puede saber si sus compañeros siguen aún ahí, vivos. Una recia voz con un acento distinto al suyo llega a sus oídos: "¡granadas!". Él antes les ha lanzado dos de las suyas. Consigue sacar las tres primeras que entran en la trinchera, mientras las balas zumban a su alrededor, buscándole. Las devuelve con fría serenidad de veterano, en un siniestro juego de la patata caliente que no puede permitirse perder. La última también la ve venir. La recoge del suelo a sus pies y la sostiene en su mano por un momento, pero esta vez ha llegado tarde.
En ese instante su mano derecha desaparece, y mientras la metralla entra en su pecho y sus entrañas, se van para siempre su madre, sus seis hermanos, su viejo barrio de calles empedradas entre el puerto y la montaña, los amigos de la escuela, aquella vecina tan simpática de ojos negros y brillantes, los veranos en la playa y las largas jornadas en la fábrica. También se termina toda la euforia, toda la rabia y toda la angustia de aquellos largos años de insoportable inquina y destrucción. Y ya en el fondo de su trinchera, le acoge para siempre su destino, el verdadero y definitivo hogar de los últimos héroes del Ebro: El mayor, el más amargo de los olvidos.
lunes, 21 de mayo de 2012
El sabor de mis teclas
Recuerdo aquella canción que se hizo famosa de "siempre que llegas a casa me encuentras en la cocina..." Y es que siempre que te conectas me encuentras cocinando, rebozada en harina.
Quizás no debería, quizás podría resistirme, pero lo reconozco: me he vuelto débil. Y por eso mis teclas ahora comparten espacio con sartenes y espumaderas. Todas mis teclas están impregnadas de miga de pan y de sal, de clara de huevo y aceite. Saben a pimientos fritos y a vinagre, a ralladura de limón, a cebolla y caramelo, pero también y sobre todo, saben a ti. Y de ti.
Son mis teclas las que consiguen conciliar uno y otro mundo. A través de ellas recorro distancias imposibles mientras el pollo crepita en el horno, y siento otra clase de calor, además del que me dan mis queridos fogones.
De este modo he aprendido a escribirte con un ojo puesto en la sartén, y me aseguro así de que la cotidiana fritura de pescado se dora y queda en su punto, como siempre. Mientras tanto, siguiendo el ritmo incesante de mis teclas, a mi espalda un eterno y gran puchero bulle a fuego lento, muy despacio, como debe ser. Esperando, también, a que llegue su momento.
Quizás no debería, quizás podría resistirme, pero lo reconozco: me he vuelto débil. Y por eso mis teclas ahora comparten espacio con sartenes y espumaderas. Todas mis teclas están impregnadas de miga de pan y de sal, de clara de huevo y aceite. Saben a pimientos fritos y a vinagre, a ralladura de limón, a cebolla y caramelo, pero también y sobre todo, saben a ti. Y de ti.
Son mis teclas las que consiguen conciliar uno y otro mundo. A través de ellas recorro distancias imposibles mientras el pollo crepita en el horno, y siento otra clase de calor, además del que me dan mis queridos fogones.
De este modo he aprendido a escribirte con un ojo puesto en la sartén, y me aseguro así de que la cotidiana fritura de pescado se dora y queda en su punto, como siempre. Mientras tanto, siguiendo el ritmo incesante de mis teclas, a mi espalda un eterno y gran puchero bulle a fuego lento, muy despacio, como debe ser. Esperando, también, a que llegue su momento.
Fotografía de Blanca @awakates
sábado, 12 de mayo de 2012
Brillo en los ojos
Muchas veces los lunes abrimos las semanas pensando que todo va a discurrir dentro de los cauces de nuestras convencionales rutinas. Todo indicaba que esta semana de mayo iba a ser una de tantas, pero por suerte calculé mal. Y es que no contaba con Twitter, ni con mi buen amigo y bloguero Francisco Navarro, ampliamente conocido como @gasolinero para los que estamos en el ajo de las redes sociales y la blogosfera. Tengo que agradecerle a él en primer lugar, a @CrisAlcazar de Bee Social Team y a GlobalCaja el que esta semana pudiera asistir en calidad de invitado a la Feria España Original en Ciudad Real, celebrada entre los días 8 y 10 de mayo. Mención especial merece mi compañera de viaje durante este día Carmen, alias @CarmenGutiez, tuitera, amiga, bloguera solvente y estupenda profesional del Social Media.
España Original es una feria profesional dedicada a la promoción y apoyo de las empresas manchegas dedicadas a la producción de agroalimentarios con denominación de origen y de calidad. Se trata de una feria muy solvente e impecablemente organizada, pero sobre todo, se trata de una buena noticia. Y es que en medio del marasmo de despropósitos que a diario nos llegan procedentes del complejo mundo económico y financiero de las grandes organizaciones, es agradable ver y conocer la loable tarea que realizan algunas entidades financieras del mundo rural en apoyo de la verdadera generación de riqueza productiva. Basta hablar con la gente del lugar para caer en la cuenta que el mundo de las cajas rurales lleva muchos años siendo otra cosa. Para los habitantes del campo siempre han supuesto mucho más que un simple lugar donde guardar el dinero o pedirlo prestado.
En este caso el papel de GlobalCaja va mucho más allá del apoyo financiero al uso. Actuando como facilitador, ayuda a impulsar el negocio de proveedores, apoya las iniciativas de emprendedores y presta la asistencia tecnológica necesaria a la feria, incluendo acceso web y uso de las nuevas tecnologías de la información. A resaltar la muy positiva iniciativa de la cobertura en redes sociales del evento, el cual pudo comentarse y seguirse a través de Twitter con los hagstags #GlobalCaja y #EspañaOriginal.
De la atenta mano de Juan Antonio Chapresto, director de Estrategia Corporativa de GlobalCaja (@juanchapresto), Hugo Fernando Caula, responsable de la cobertura del evento en Redes Sociales (@FERNANDOCaula) y demás responsables de Feria España, conocimos la singular Galería de los Sabores, una zona de degustaciones eficientemente creada, en la que el profesional puede entrar en contacto con los distintas producciones y fichas técnicas completas de aceites, quesos, encurtidos, conservas, embutidos y vinos.
La segunda parte de la jornada consistió en un recorrido por las entrañas de la feria, visitando stands verdaderamente notorios.

En Can Bech-Just for Cheese comprobamos las deliciosas posibilidades combinativas que unas sofisticadas mermeladas pueden ofrecer al entrar en contacto con determinadas variedades de queso selecto. Maridajes verdaderamente perfectos e inesperados.
En el puesto de La Flor de Guara conocimos a Bogdan, un joven pastor y artesano de origen transilvano criado en Zaragoza y Huesca, que nos cuenta los secretos de un queso curado artesano hecho tan sólo de lo que obtienen de un rebaño de 1.100 ovejas del pirineo oscense. Es una producción primorosa, muy limitada, y de un sabor exquisito, pero él y su gente tienen muy claro que no quieren crecer ni producir más, pues no lo necesitan ni desean cambiar su modo de vida. Toda una declaración de principios.
Los productos que encontramos en el stand de Sabores de Sur no engañan, lo mismo que el acento de Domingo Eiriz y sus Jamones Eiriz, de Huelva. Allí, y de su experta mano asistimos a una demostración de corte y degustación memorables, así como una jugosa disertación acerca de las diferencias organolépticas entre los mejores jamones que en el mundo han sido: Extremadura, Guijuelo y por supuesto, Huelva.
Eleazar Belmonte Martínez es el administrador de Kiele y el causante de que la Meseta castellano-manchega sea un lugar donde la modesta sardina se convierte en algo muy especial: la anchodina de Socuéllamos. Eleazar nos cuenta que antes de embarcarse en esta aventura de las semiconservas con su socio ambos tenían sendos negocios por separado. El uno era pizzero y el otro un minorista de pescado.

Ahora compran la sardina en Cádiz, Málaga o incluso en Portugal. Trabajan la sardina con la misma técnica de la anchoa y obtienen algo nuevo, con un sabor diferente al que se podría esperar, más suave, muy interesante. Y lo que es mejor, a un precio muy competitivo.
A Eleazar, un hombre próximo a la teórica jubilación, de apariencia sencilla pero lleno de energía, le brillan los ojos cuando nos dice que llevan ya diez años esto; que empezaron con crecimientos del 65%, hasta que llegó la nefasta crisis... y que desde entonces "solo" crecen un 10% anual, cosa que desde luego, no está nada mal. Todo ello nos asegura, conseguido con el esfuerzo, entusiasmo e ilusión de una cincuentena de personas, trabajando desde las 6 de la mañana hasta más allá de la hora de la cena habitual de cualquiera de nosotros.
En España venden bien, sus anchodinas se pueden encontrar en los centros de El Corte Inglés, pero no es su prentensión seducir a los gourmets, sino que se codean con la competencia de a diario en los lineales generales de los supermercados. Eso sí, destacando tanto por su envase en frasco más largo y estrecho como por su precio (2,50 € frente a una media de 6,50 € según nos cuentan). Lo último en España ha sido introducirse en un mercado tan a priori complicado para este producto como el catalán. En el exterior, exportan a 10 países, pero el primero por el que empezaron fue... ¡Dubai! No sabemos si por el mar corren las liebres, pero por el desierto, con el entusiasmo adecuado, sí corren las sardinas...
El punto final lo puso el encuentro con Rafael Díaz Salazar, venerable institución y alma mater de esta Feria, que a sus ochenta y tres años conserva un sorprendente caudal de vigor y entusiasmo. Nos contó de sus andanzas allá por los años 60 en los Estados Unidos, con su tomavistas en ristre y del desconocimiento que encontró allí en todo lo tocante a la tierra que le vió nacer. De cómo le dolió que los yanquis creyeran que la sinpar Dulcinea del Toboso fuera si acaso una prostituta que salía en un viejo libro y de cómo entonces decidió que él iba a hacer todo lo posible por poner a su tierra en el lugar que merece a los ojos del mundo. El intenso brillo de los ojos de Rafael al contarnos todo esto me convenció de que se sentía satisfecho de lo que había conseguido.
Agradecimiento especial por la asistencia`prestada durante el viaje a Txema Campillo @Txemacg y mención a mis aplicados colegas y a su vez blogueros @PilarMartinVal, @Amraxx, @Trujalo @PacoAnes @Cocinillas_Es @miotraella @el_primer_paso y @pasean2.
España Original es una feria profesional dedicada a la promoción y apoyo de las empresas manchegas dedicadas a la producción de agroalimentarios con denominación de origen y de calidad. Se trata de una feria muy solvente e impecablemente organizada, pero sobre todo, se trata de una buena noticia. Y es que en medio del marasmo de despropósitos que a diario nos llegan procedentes del complejo mundo económico y financiero de las grandes organizaciones, es agradable ver y conocer la loable tarea que realizan algunas entidades financieras del mundo rural en apoyo de la verdadera generación de riqueza productiva. Basta hablar con la gente del lugar para caer en la cuenta que el mundo de las cajas rurales lleva muchos años siendo otra cosa. Para los habitantes del campo siempre han supuesto mucho más que un simple lugar donde guardar el dinero o pedirlo prestado.
En este caso el papel de GlobalCaja va mucho más allá del apoyo financiero al uso. Actuando como facilitador, ayuda a impulsar el negocio de proveedores, apoya las iniciativas de emprendedores y presta la asistencia tecnológica necesaria a la feria, incluendo acceso web y uso de las nuevas tecnologías de la información. A resaltar la muy positiva iniciativa de la cobertura en redes sociales del evento, el cual pudo comentarse y seguirse a través de Twitter con los hagstags #GlobalCaja y #EspañaOriginal.
De la atenta mano de Juan Antonio Chapresto, director de Estrategia Corporativa de GlobalCaja (@juanchapresto), Hugo Fernando Caula, responsable de la cobertura del evento en Redes Sociales (@FERNANDOCaula) y demás responsables de Feria España, conocimos la singular Galería de los Sabores, una zona de degustaciones eficientemente creada, en la que el profesional puede entrar en contacto con los distintas producciones y fichas técnicas completas de aceites, quesos, encurtidos, conservas, embutidos y vinos.
La segunda parte de la jornada consistió en un recorrido por las entrañas de la feria, visitando stands verdaderamente notorios.
En Can Bech-Just for Cheese comprobamos las deliciosas posibilidades combinativas que unas sofisticadas mermeladas pueden ofrecer al entrar en contacto con determinadas variedades de queso selecto. Maridajes verdaderamente perfectos e inesperados.
Los productos que encontramos en el stand de Sabores de Sur no engañan, lo mismo que el acento de Domingo Eiriz y sus Jamones Eiriz, de Huelva. Allí, y de su experta mano asistimos a una demostración de corte y degustación memorables, así como una jugosa disertación acerca de las diferencias organolépticas entre los mejores jamones que en el mundo han sido: Extremadura, Guijuelo y por supuesto, Huelva.
Eleazar Belmonte Martínez es el administrador de Kiele y el causante de que la Meseta castellano-manchega sea un lugar donde la modesta sardina se convierte en algo muy especial: la anchodina de Socuéllamos. Eleazar nos cuenta que antes de embarcarse en esta aventura de las semiconservas con su socio ambos tenían sendos negocios por separado. El uno era pizzero y el otro un minorista de pescado.
Ahora compran la sardina en Cádiz, Málaga o incluso en Portugal. Trabajan la sardina con la misma técnica de la anchoa y obtienen algo nuevo, con un sabor diferente al que se podría esperar, más suave, muy interesante. Y lo que es mejor, a un precio muy competitivo.
A Eleazar, un hombre próximo a la teórica jubilación, de apariencia sencilla pero lleno de energía, le brillan los ojos cuando nos dice que llevan ya diez años esto; que empezaron con crecimientos del 65%, hasta que llegó la nefasta crisis... y que desde entonces "solo" crecen un 10% anual, cosa que desde luego, no está nada mal. Todo ello nos asegura, conseguido con el esfuerzo, entusiasmo e ilusión de una cincuentena de personas, trabajando desde las 6 de la mañana hasta más allá de la hora de la cena habitual de cualquiera de nosotros.
El punto final lo puso el encuentro con Rafael Díaz Salazar, venerable institución y alma mater de esta Feria, que a sus ochenta y tres años conserva un sorprendente caudal de vigor y entusiasmo. Nos contó de sus andanzas allá por los años 60 en los Estados Unidos, con su tomavistas en ristre y del desconocimiento que encontró allí en todo lo tocante a la tierra que le vió nacer. De cómo le dolió que los yanquis creyeran que la sinpar Dulcinea del Toboso fuera si acaso una prostituta que salía en un viejo libro y de cómo entonces decidió que él iba a hacer todo lo posible por poner a su tierra en el lugar que merece a los ojos del mundo. El intenso brillo de los ojos de Rafael al contarnos todo esto me convenció de que se sentía satisfecho de lo que había conseguido.
Agradecimiento especial por la asistencia`prestada durante el viaje a Txema Campillo @Txemacg y mención a mis aplicados colegas y a su vez blogueros @PilarMartinVal, @Amraxx, @Trujalo @PacoAnes @Cocinillas_Es @miotraella @el_primer_paso y @pasean2.
martes, 1 de mayo de 2012
Boicot a la inteligencia
Aún conservo el saludable hábito de despertarme por las mañanas escuchando las noticias de la radio, pero debo confesar que desde hace un tiempo me doy cuenta que eso ha dejado de ser cierto. Me refiero a lo de saludable. Despertarse hoy en día a las siete de la mañana en un día laborable escuchando las noticias se ha convertido en una forma cierta de asegurarse un tempranero cabreo matutino, antes incluso de poner un pie en el suelo.
Invariablemente, cada día las mismas historias resuenan en mis oídos:
Un nuevo recorte presupuestario, una desorbitada subida de precios del servicio de los transportes, el desmantelamiento de los principios universales de la educación y la sanidad públicas, las cifras rampantes del paro, la infame reforma laboral, la prima de riesgo país, las sombrías previsiones de los analistas financieros...
Y sin embargo, todo esto no es lo que más enciende mis ánimos. Hay un subproducto derivado de esta hecatombe con el que no he aprendido a lidiar: en estos tiempos de escasez moral y material vengo observando la proliferación de una curiosa tipología de seres humanos, que bien podría condensarse en el término "soplagaitas". Si ya en circunstancias normales en la vida cotidiana hay abundancia de ellos, en el momento actual parecen haber adquirido tintes de epidemia.
Hay soplagaitas con variados grados de poder y por lo tanto distinto ascendente mediático, por lo que es habitual que sus declaraciones trufen los noticiarios matutinos. De este modo, es frecuente que en mis primeros cinco o diez minutos de incipiente vigilia se cuelen sus interminables sartas de excusas huecas, sus apelaciones a la responsabilidad y al rigor, sus acusaciones a la nefasta herencia recibida, y sobretodo sus promesas de recuperación tras la purga de contrición, absolutamente necesaria según ellos.
Así pues, cada mañana, se me recuerda que todo esto es por mi bien, pues han sido muchos los pecados económicos cometidos por mi y mis conciudadanos, pero muy especialmente, por aquellos que nos gobernaron antes. Una suerte de legado siniestro, un reinado del mal cuya herencia sería la causa y origen de todo lo que nos acontece, incluso sería la causa de la ineficacia de todas las medidas tomadas después de que sus antecesores se marcharan. Incluso también tendrían la culpa de aquellas decisiones que es imposible atribuírseles, en tantos ayuntamientos y comunidades que no han gobernado desde hace mucho tiempo...
Por otra parte el soplagaitas lo es y ejerce sin distinción de cuna u origen. Todos tienen una curiosa cualidad común: desde su burbuja elevada de privilegio y distancia con el mundo de a pie, verdaderamente se creen mejores y más listos que el resto de sus semejantes. Y con tal convencimiento hablan y actúan.
¿No es de solemnes soplagaitas pretender "ganarse la confianza de los mercados"... tal como lo sería intentar ganarse la confianza de un tiburón? Unos y otros solo entienden del beneficio propio y saben oler bien la debilidad de la presa fácil, aunque sin embargo es posible que se retiren si se decide plantarles cara y no vender barata la piel. Seguimos teniendo miedo de perder lo que tenemos. Quizás por eso nuestros dirigentes sacan pecho de puertas para adentro pero se humillan serviles fuera ante quienes ahora detentan el verdadero poder, sin querer admitir que esa justamente es la forma de perderlo todo, con toda seguridad.
Palabras y acciones que indignan y retratan a la pléyade habitual de políticos oportunistas, falaces y advenedizos, pero que también están dejando en sonrojante evidencia a una serie de personajes que deberían ser referente de virtud y principios. En estos tiempos de marea baja están surgiendo a la luz sus miserias y sus auténticos valores personales. Cuando sistemáticamente te lo han tapado todo puede llegar a ser muy fácil seguir poniendo cara a sellos y monedas. A los símbolos hoy más que nunca hay que exigirles que ejerzan como tales, con autenticidad y honestidad. A su entorno familiar, recordadles que nadie es mejor que nadie, y pretender obtener beneficios bastardos a partir de una condición de privilegio para el que no han hecho ningún mérito objetivo debería tener las mismas consecuencias que tendría para cualquier ciudadano. Haberlos apuntalado a todos ellos con secretismo y engaño no es sino otro prolongado, irritante insulto a la inteligencia.
A todos estos ejercicios de insulto a nuestra inteligencia hemos empezado por no prestarles excesiva atención, posteriormente los hemos obviado como parte del paisaje y finalmente hemos acabado por aceptarlos como algo inevitable. Hemos boicoteado así nuestra propia inteligencia, por puro hastío o dejación. Porque tan culpable es el que insulta como el que es insultado, cuando no se hace nada por poner coto a la ofensa.
Nuestro conformismo debe tener un límite, sólo cabe esperar que no reaccionemos demasiado tarde. Que el camino desandado no sea excesivo. La historia nos enseña que es muy fácil destruir, increíblemente sencillo para cualquiera de los irresponsables que han contribuido a formar esta tormenta perfecta: una obtusa en Alemania, un narcisista desorientado en Francia, un miedoso indeciso en España y un montón de cínicos de todo pelaje que cada día insultan tu inteligencia, desde primera hora de la mañana.
Invariablemente, cada día las mismas historias resuenan en mis oídos:
Un nuevo recorte presupuestario, una desorbitada subida de precios del servicio de los transportes, el desmantelamiento de los principios universales de la educación y la sanidad públicas, las cifras rampantes del paro, la infame reforma laboral, la prima de riesgo país, las sombrías previsiones de los analistas financieros...
Y sin embargo, todo esto no es lo que más enciende mis ánimos. Hay un subproducto derivado de esta hecatombe con el que no he aprendido a lidiar: en estos tiempos de escasez moral y material vengo observando la proliferación de una curiosa tipología de seres humanos, que bien podría condensarse en el término "soplagaitas". Si ya en circunstancias normales en la vida cotidiana hay abundancia de ellos, en el momento actual parecen haber adquirido tintes de epidemia.
Hay soplagaitas con variados grados de poder y por lo tanto distinto ascendente mediático, por lo que es habitual que sus declaraciones trufen los noticiarios matutinos. De este modo, es frecuente que en mis primeros cinco o diez minutos de incipiente vigilia se cuelen sus interminables sartas de excusas huecas, sus apelaciones a la responsabilidad y al rigor, sus acusaciones a la nefasta herencia recibida, y sobretodo sus promesas de recuperación tras la purga de contrición, absolutamente necesaria según ellos.
Así pues, cada mañana, se me recuerda que todo esto es por mi bien, pues han sido muchos los pecados económicos cometidos por mi y mis conciudadanos, pero muy especialmente, por aquellos que nos gobernaron antes. Una suerte de legado siniestro, un reinado del mal cuya herencia sería la causa y origen de todo lo que nos acontece, incluso sería la causa de la ineficacia de todas las medidas tomadas después de que sus antecesores se marcharan. Incluso también tendrían la culpa de aquellas decisiones que es imposible atribuírseles, en tantos ayuntamientos y comunidades que no han gobernado desde hace mucho tiempo...
Por otra parte el soplagaitas lo es y ejerce sin distinción de cuna u origen. Todos tienen una curiosa cualidad común: desde su burbuja elevada de privilegio y distancia con el mundo de a pie, verdaderamente se creen mejores y más listos que el resto de sus semejantes. Y con tal convencimiento hablan y actúan.
¿No es de solemnes soplagaitas pretender "ganarse la confianza de los mercados"... tal como lo sería intentar ganarse la confianza de un tiburón? Unos y otros solo entienden del beneficio propio y saben oler bien la debilidad de la presa fácil, aunque sin embargo es posible que se retiren si se decide plantarles cara y no vender barata la piel. Seguimos teniendo miedo de perder lo que tenemos. Quizás por eso nuestros dirigentes sacan pecho de puertas para adentro pero se humillan serviles fuera ante quienes ahora detentan el verdadero poder, sin querer admitir que esa justamente es la forma de perderlo todo, con toda seguridad.
Palabras y acciones que indignan y retratan a la pléyade habitual de políticos oportunistas, falaces y advenedizos, pero que también están dejando en sonrojante evidencia a una serie de personajes que deberían ser referente de virtud y principios. En estos tiempos de marea baja están surgiendo a la luz sus miserias y sus auténticos valores personales. Cuando sistemáticamente te lo han tapado todo puede llegar a ser muy fácil seguir poniendo cara a sellos y monedas. A los símbolos hoy más que nunca hay que exigirles que ejerzan como tales, con autenticidad y honestidad. A su entorno familiar, recordadles que nadie es mejor que nadie, y pretender obtener beneficios bastardos a partir de una condición de privilegio para el que no han hecho ningún mérito objetivo debería tener las mismas consecuencias que tendría para cualquier ciudadano. Haberlos apuntalado a todos ellos con secretismo y engaño no es sino otro prolongado, irritante insulto a la inteligencia.
A todos estos ejercicios de insulto a nuestra inteligencia hemos empezado por no prestarles excesiva atención, posteriormente los hemos obviado como parte del paisaje y finalmente hemos acabado por aceptarlos como algo inevitable. Hemos boicoteado así nuestra propia inteligencia, por puro hastío o dejación. Porque tan culpable es el que insulta como el que es insultado, cuando no se hace nada por poner coto a la ofensa.
Nuestro conformismo debe tener un límite, sólo cabe esperar que no reaccionemos demasiado tarde. Que el camino desandado no sea excesivo. La historia nos enseña que es muy fácil destruir, increíblemente sencillo para cualquiera de los irresponsables que han contribuido a formar esta tormenta perfecta: una obtusa en Alemania, un narcisista desorientado en Francia, un miedoso indeciso en España y un montón de cínicos de todo pelaje que cada día insultan tu inteligencia, desde primera hora de la mañana.
lunes, 23 de abril de 2012
La pasión de las piedras
Como humanos a menudo nos empeñamos en ver las cosas según nuestras preferencias. Así, si un día salimos al campo y reparamos en esos elementos tan cotidianos del paisaje como son piedras que encontramos en el camino, seguramente querremos creer que son objetos fríos, duros e inertes.
Pero no para Luis Eguiluz, un veterano geólogo estructural, investigador y profesor, vitoriano recio y chaparro. Treinta años pateándose las serranías, las cuencas fluviales y las cunetas de toda Extremadura. Leyendo cada detalle de un paisaje al que ha dedicado su vida. Una vida que vuelca incansable en un torrente caudaloso de conocimientos ante cualquiera dispuesto a escuchar. Manteniendo intacto el anhelo por conocer y a explicar todo lo que es y está, lo que ha sido y será en ese pedazo de cáscara de planeta que pisamos.
"El corredor blastomilonítico de Azuaga". Hay poesía en la pura y en apariencia desapasionada, objetiva descripción del viaje de las piedras sobre la capa de la Tierra, mucho antes de que esta vieja bola que nos acoge ni siquiera soñara aún a los humanos. Durante dos días, guiados por el verbo incontenible de Luis fuimos capaces de asomarnos a otra escala, a otro tiempo inconmensurable. Recuerdos de hace quinientos ochenta millones de años, ecos de un mundo primigenio, convulso y distinto. Ante nuestros ojos lo que siempre habían sido piedras mudas y muertas empezaron a hablar, y revivieron la primera Pangea, y nos hablaron de Gondwana, de Armoria y de Avalonia.
Porque las piedras habitan en un mundo esdrújulo y si se les pregunta adecuadamente explican una historia que cuenta toda su tortuosa pasión de presiones, pliegues, fracturas y metamorfosis: Cámbrico, devónico, silúrico, canomiense; mármoles, anfibolitas, arcos, subducciones, deformaciones; protolitos, serpentinitas, rocas ígneas, sílices y calcosílices, cuarcitas negras, piroxenos, esquistos, gneises...
Ahora puedo entender porqué toda esa pasión ancestral de las piedras es irresistible para el puñado de iniciados que entran en contacto con sus secretos, y arrastrados por ella, olvidan su mundo de carne y hueso. Ese es sin duda el caso de Luis, el veterano geólogo, y también fue según se cuenta el de aquel nazi que en los años treinta y cuarenta cartografió el mapa geológico de media España, empeñado en la búsqueda del oscuro y precioso mineral de wolframio. Un trabajo magnífico según dicen, pero claro, como perdió la guerra quedó sin terminar, lo cual no dejó de ser una pena... Aunque fuera alumbrado a la sombra de una de las más negras pasiones de los hombres, tan distintas todas ellas de la eterna pasión de las piedras.
lunes, 16 de abril de 2012
La caja
Relato mutuamente inspirado y compartido con Blanca
"Abrir solo en caso de acoso" - leyó detenidamente la inscripción grabada al fuego en elegante letra inglesa sobre la tapa de la minúscula caja, de olorosa y oscura madera tropical. Y aunque sabía de sobra que aquel no era el caso, no pudo resistir la tentación de posar su mano sobre la tapa.
El olor a sándalo que desprendía hizo que diera un paso hacia atrás. ¿Quién era el personaje que había dejado la preciosa caja a la puerta de su casa? El corazón latía más fuerte que nunca deseando conocer algún dato, indicios de una aventura. En el fondo encontró una llave de oro, cincelada a mano, diminuta. De ella colgaba un hilo de plata con una inscripción. Podrás intuir la verdad de cada una de las almas que te atormenten. La llave cambiará de tonalidad cuando notes algún peligro acechándote.
Con la caja en sus manos, se dirigió a la estancia principal de la casa. Ya en el salón, dejó la caja en la mesa baja frente a la chimenea y tomó asiento frente al fuego. En las brasas cercanas había un puchero de barro, con su contenido casi a punto.
"Algún peligro..." Enigmática, inquietante promesa que empezó a vagar por su mente. Pero ¿a qué o a quién podía temer? "...acechándote"
Su vida distaba ya demasiado lejana de aventuras y peligros. Sonrió ensimismada: aquello fue casi otra vida, otro tiempo. Apenas lo recordaba ya. "A no ser que..."
En ese momento, el teléfono empezó a sonar con fuerza en su bolsillo, sobresaltándola. Antes de decidirse a contestar, volvió la vista a la pequeña caja de madera. El teléfono seguía sonando. Al fin se decidió y levantó nuevamente la tapa. La llave estaba en su interior, brillando intensamente en un tono extraño y distinto, como seguramente no lo había hecho nunca jamás.
Ilustración: “Los colores de la vida” por Blanca
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