domingo, 28 de agosto de 2011

La honrilla de Rovaniemi 2 - Conversaciones a calzón quitado

Con la mayor dignidad que nos fue posible dejamos atrás la estancia de madera de abedul finlandés y el infierno que contenía en su interior para acto seguido meternos de cabeza en las duchas y dejar correr el agua fría por nuestros cuerpos, a fin de recuperar el fuelle y la moral perdidas. Tanto mi compañero como yo habíamos enrojecido como pimientos. La ducha nos vivificó, pero yo me notaba la cabeza floja, sin duda debido al efecto depresor de la sesión de sauna. La mirada ligeramente vidriosa de mi colega me indicaba que él tampoco andaba mucho mejor.

En este estado de cosas, y puesto que al entrar habíamos visto una sala de descanso anexa poblada por usuarios de la sauna provistos únicamente por sus toallas de baño, decidimos hacer la jugada completa. Con nuestras toallas alrededor de la cintura tomamos posesión del lugar, momentáneamente deshabitado. Se trataba de una confortable y práctica sala dotaba de sillones bajos, taburetes acolchados, mesa central y televisión conectada a un canal de videoclips musicales. Una lata de cerveza vacía sobre la mesa nos daba idea del uso social del lugar. Debíamos reconocer que los finlandeses se lo montaban bien: la idea de un ciclo de sauna, ducha y zona de descanso con opción a televisión y cerveza se me antojó insuperable.

Sentíamos renacer nuestra moral, y con ella nuestra voluntad de reparar la honrilla perdida. Lo suficiente como para contemplar un nuevo retorno a la sauna e intentar alcanzar esos quince minutos, (¿quién dijo miedo habiendo cementerios?). Así andábamos en estas consideraciones cuando aparecieron nuestros dos contertulios finlandeses, dispuestos a proseguir la conversación interrumpida por nuestra espantada.

Nos fue imposible esquivar la primera de las preguntas con las que reanudaron la conversación: "Así pues, ¿qué os ha parecido vuestra primera sauna?" Con toda la diplomacia que nos permitía nuestro mediano inglés les hicimos saber que nos había parecido un pelo calurosa... En realidad en aquellos momentos nos extrañó que después de haber pasado allá dentro una media hora echando cazos de agua no estuvieran derretidos como cirios y siguieran conservando su forma humana tan saludable.

Y como no solamente de sauna vive el hombre finlandés, y en tanto que hombre, pronto la conversación derivó hacia los por fortuna inevitables y apasionantes temas comunes a la comunidad masculina:  Pretendimos abrir la veta futbolera, pero descubrimos que para ellos el fútbol en realidad ni fu ni fa; lo que hace que los finlandeses pierdan la cabeza es el hockey sobre hielo, deporte nacional del que son recientes y orgullosos campeones mundiales tras vapulear a Suecia, su eterno rival, por 6 a 1. Este dato arrojó luz sobre el que había sido hasta entonces uno de los misterios del viaje: las camisetas que habíamos visto en todas las tiendas de souvenirs con estos guarismos sobre las banderas de ambos países.

Repasamos lógicamente los éxitos de Kimi Raikkonen, pese a que ambos reconocieron que Fernando Alonso es mucho mejor piloto. Por nuestra parte reconocimos la valía de Kovalainen y los laureles del gran Mika Hakkinen como corredor de rallies. Por cierto, nos avisaron de que llegábamos tarde al Rally de los 1000 lagos, (que recientemente había sido rebautizado como Neste Oil) puesto que se celebra en el mes de julio.

Nos empezábamos a dar cuenta de que el verano finlandés en realidad sólo alcanza hasta el mes de julio. Todos los festivales y eventos interesantes habían pasado ya, dejándonos prácticamente a solas con el hermoso paisaje de bosques y lagos, repletos de brillo o melancolía, según nos acompañara el sol o la lluvia en nuestro viaje.

A esas alturas la conversación se había prolongado mucho, haciendo impensable otra opción que no fuera obsequiarnos con una buena cena para reponernos de todo lo pasado. Antes de despedirnos de nuestros contertulios y aprovechando el punto de confianza adquirido, quisimos saber qué es de sus vidas cuando el frío, la nieve y la noche toma posesión de esas tierras durante tanto tiempo. La respuesta de nuestro finlandés más dicharachero no dejó lugar a la duda: "Bueno, hacemos lo de siempre, pero bien abrigados... la vida debe seguir. Eso... o te pegas un tiro como algunos hacen." 






viernes, 26 de agosto de 2011

Cuestión de honrilla en Rovaniemi

Rovamiemi es una de las poblaciones más famosas de Finlandia. Exactamente situada sobre el Círculo Polar Ártico, es la puerta de entrada a la Laponia finlandesa y además residencia oficial de Santa Claus, un sorprendente fenómeno turístico digno de ver. Nos instalamos en un puclro y acogedor hotel de la omnipresente cadena Sokos, grupo empresarial que seguramente fue el que ganó el Monopoli en Finlandia, pues copan lo más selecto de los centros urbanos de las ciudades con sus hoteles, restaurantes y grandes almacenes, allá donde fuera que recalásemos en nuestro viaje.  Aquel día teníamos tiempo y ganas. Estábamos decididos. Nuestra primera sauna finlandesa no se haría esperar.

Cuando abrimos la puerta de la sauna no había nadie en aquel momento. Nuestra entrada en el recinto fue bien. El calor no nos sorprendió como esperábamos. Pese a que el termómetro marcaba nada menos que 65 grados, era perfectamente soportable "esto parece mucho, pero es calor seco, se aguanta sin problemas, se nos dará bien". En medio de la estancia habia un cubo con agua y un cazo similar a los de servir sopa. No sabíamos que función tenía, quizás se empleaba como método de urgencia para refrescarse, pero ante la duda no lo tocamos. Nuestra confianza crecía mientras nuestros poros se abrían y empezábamos a sudar.  Le propuse a mi compañero hacer una primera sentada de 15 minutos y luego salir a refrescarnos.

Apenas habíamos terminado de acomodarnos cuando entraron 4 nativos del país; grandes, sonrosados, de cabellos rubio pajizo.  Uno de ellos llevaba una lata de cerveza en la mano. Lo primero que hicieron fue mirar el termómetro, con cara de frío, y comprobar no sin cierta estupefacción un pequeño ventanuco entreabierto, que por deferencia a nosotros no osaron cerrar. Mi compañero de viaje, que es muy sociable y gusta de dar palique en cuanto tiene la más mínima ocasión, no tardó en entablar conversación con los recién llegados. Todos hablaban un inglés de estar por casa, como nosotros. Dos de ellos entraron rápidamente al trapo, haciendo buena la definición que nuestra guía de viaje daba sobre el carácter finlandés: afables, simpáticos y parlanchines.

La conversación arrancó declarando por nuestra parte nuestra condición de novatos absolutos como usuarios de la auténtica sauna finlandesa. Todos mostraron su interés en saber qué nos estaba pareciendo el país y la experiencia. Prestamente nos instruyeron sobre el modo de empleo: sentadas de 15 a 20 minutos, con intervalos para ducharse y vuelta a entrar. Les informamos que para empezar habíamos pensado estar poco, un cuarto de hora o así. Sin perder el hilo de la conversación, uno de ellos tomó el cubo a sus pies y empezó a lanzar cucharones de agua sobre las piedras calientes del rincón de la estancia. En aquel preciso instante empezó de veras nuestra experiencia en la auténtica sauna finlandesa.

Tras cada cucharón de agua una oleada de aire insoportablemente caliente alcanzaba nuestro cuerpo, penetrando en nuestros pulmones. Sentíamos arder nuestro cabello y nuestros ojos, ¿nos estábamos volviendo incandescentes? Mientras nosotros boqueábamos, ocupados en sobrevivir, ellos seguían conversando animadamente con nosotros, ajenos al drama. Uno de ellos había estado en Barcelona en viaje de negocios, ambos eran representantes de una empresa. Los minutos pasaban lentamante, estábamos resistiendo como jabatos, solo 5 minutos más y habríamos salvado la honrilla... Vimos el cielo abierto cuando finalmente el agua del cubo se acabó. Vana ilusión: ¡uno de los gigantes salió a por más!

Entretanto nos informaron que la temperatura de confort media de la sauna es de unos 85 grados, pero que a algunos les gusta incluso más elevada. Nos aseguraron que la sauna es un acontecimiento diario y omnipresente en la vida de todo finlandés, que hay una en cada casa, incluso en los apartamentos más pequeños y de alquiler. Que las hay de leña, de carbón, y eléctricas, de tal o cual potencia, de tales o cuales dimensiones, y que toda la familia la utiliza desde la mas tierna edad, unas tres o cuatro veces por semana.

Los cazos llenos de agua volvieron a volar de nuevo, implacables, levantando de nuevo el infierno a nuestro alrededor. Nuestra voluntad flaqueó, era imposible competir con vidas enteras de aclimatación, tradición y entusiasmo. Nos dimos cuenta que no podríamos salvar nuestro orgullo hispánico. Nos excusamos y salimos con paso incierto después de 12 heroicos minutos.



jueves, 28 de julio de 2011

Retratos cualitativos: El pintor transparente

Elevada figura de gesto relajado y mirada curiosa, vestigios sabinescos en su barba-perilla entrecana, manos grandes y fuertes, transmisoras de nobles abrazos.

Y como aquel, pongamos que escribe a menudo de su Madrid. Prosa cargada de poesía, de trazo directo. Relatos de las calles, de las luchas, y los afanes de quienes la habitan. Escritor y descriptor de sentimientos, de sensaciones cotidianas, de felicidades y amarguras.

Caballerosidad antigua. Cervezas y tapas, encuentros y motos. Cigarrillo perenne. Lúcida, cruda acidez. Ojazos que desde la trastienda son apoyo y refugio.

El gusto supremo de compartir, el entusiasmo de crear, la virtud de soñar, la inagotable y plena conversación. Madridista impertérrito e impenitente; brega desde los higadillos en discusiones futboleras inacabables; exasperación de rivales, y sin embargo amigos. Acerada ironía, contrastada lealtad. Resuelta bonhomía desde la transparente sinceridad.

Suma de factores y de contradicciones que en Adolfo alcanzan toda la brillante lógica de quien es pintor honesto de la vida.

Para @cosechadel66

lunes, 25 de julio de 2011

Retratos cualitativos: La lectora intensa

Una sobria figura menuda ataviada de negro, fundiéndose con sus cabellos y ojos. Una voz clara y precisa, llena de acentos del Duero; que quizás en un tiempo fue aguda, macerada por el humo de incesantes cigarrillos.

Los días, las noches, los libros, a cientos, a miles, casi como único alimento y sostén. Recuerdos de la fría y sobria Zamora, revertida de verde intenso, a través del sincero calor que emana todo lo que hace, dice, escribe y siente. Abrazos telúricos de energía pura.

Ansiosa recolectora de todo lo bello. Afanosa constructora de pensamientos, uniendo magistralmente imagen y palabra. Escritora oculta, de prosa desenvuelta y conmovedora. Corazón siempre en la mano.

Consistente contraste. Ojos brillantes en las tristezas y en el entusiasmo, ambos siempre desbordantes. Impulso férreo y feroz en sus convicciones. Incondicional en sus filias y en sus fobias, en la abnegada defensa del amigo. Refugio seguro de los suyos, conciencia frente al enemigo, fina perspicacia, intuición infalible y sorprendente.

Para María José, el horror bien podría ser una lagartija. El paraíso, perderse en un verso de José Hierro.

   Para @Mara_BC


sábado, 23 de julio de 2011

Retratos cualitativos: El escritor vehemente

En un lugar de la Mancha habita un hombre grande. Amplio, llano y fructífero como es la tierra entera de Tomelloso. Cabello espeso y cano. Mirada tímida pero escrutadora, agazapada tras la delgada montura plateada de sus gafas. Sonrisa leve, declinada hacia la ironía. Mano franca, de apretón cálido y justo.

Persona y personaje, conversador súbito y vehemente, de formas suaves y voz queda. Lector infinito, incontenible torrente interior que bulle, pugna y brega hacia incontables libretas moleskine, inundándolas de verbo preciso y preciosista. Avezado cazador y recolector de sucesos y andanzas, armador de peripecias y tragedias.

Certero observador de un mundo de ombligos fríos, de vidas recias, de madrugadas desoladas en la gasolinera, de gastados monos azules, de paisanaje inefable en sus sórdidas ruindades. Relator de conmovedoras ternuras, discretas alegrías y desternillantes humoradas.

 Pero por encima de todo, y seguramente por todo lo anterior, don Paco es un hacedor sincero de amigos, obtenidos de la misma forma que cocina sus calderetas: con paciencia, generosidad, dedicación y la mejor, la más intensa de las lumbres. 

Para @gasolinero


martes, 12 de julio de 2011

Fascinación

Todo había terminado, por fin.
Aunque nos cueste admitirlo, todos alguna vez nos hemos descubierto secretamente atraídos por una suerte de fascinación por quienes piensan, actúan o viven de formas radicalmente distintas a nosotros. Como viajeros de trenes que se observan al cruzarse sus destinos, compartimos fugaces instantes de intensa observación y quizás llegamos a imaginarnos dentro en la piel del otro. O no...

Últimas horas de un día cualquiera en el  tórrido verano mesetario en la ciudad. Ventanas abiertas buscando un soplo de aire fresco. La suite nº1 de Bach suena de fondo, el sublime violoncello del gran Yo-Yo Ma lo envuelve, manteniéndolo absorto en su trabajo. Un complejo programa zumba en el potente ordenador, mientras procede a la revisión de final de unos códigos HTML. Súbitamente, un coro de inconfundibles alaridos femeninos irrumpe a través de la pared contigua, arrasador. Un golpe, un portazo fabuloso, ruido de cristales rotos. Más voces, ahora las del padre de la estrella mediática, quien asomado a la gran terraza, en bata gris, no deja de dirigir improperios a su retoño hasta que ésta desaparece calle abajo en su potente Mercedes SLK blanco.

Se dice que si somos capaces de no perder la capacidad de asombro, seguimos manteniendo un vestigio de la inocencia perdida,  y que ello contribuye a la postre a aumentar nuestra felicidad. Menos en la última parte, debía reconocer su perpetuo asombro. Después de tantos años de forzada convivencia vecinal, ella seguía siendo capaz de encontrar nuevas maneras de crispar sus templados nervios. Por algo debía ser una celebridad, por algo era la fascinación de tanta gente.

Ella, siempre ella, y su presencia constante de mil formas:  él siempre máxima discrección,  ella, siempre Máxima FM al otro lado. Esas cotidianas vistas perfectas a esos calzones a cuadros puestos a secar al sol.  Coincidencias fascinantes; el inesperado reconocimiento de su voz, pretenciosa y chillona, en un área de servicio perdida, reclamando el mejor bocadillo de jamón del mundo para su padre, "...me lo pones del mejor que haya, ¿eh?" Genuino asombro, innegable fascinación.

Desde el vehículo de atestados de la Policía, contemplaba ahora el bulto tendido en el asfalto cubierto por la manta dorada, que refulgía tan cegadora como había sido su fama, bajo el sol justiciero de media tarde. Los servicios médicos ya se habían retirado. La voz no tardó en correr, la muchedumbre empezaba a arremolinarse. Los periodistas no tardarían en llegar, prestos a cubrir la que iba a ser la última gran exclusiva de la estrella mediática.

Se dejaba el bolso y llegaba tarde a la grabación del programa. Había parado el coche en medio de la vía.  Acostumbrada a que el mundo se detuviera a su alrededor, había cruzado desde el carril opuesto, sin mirar siquiera. Tuvo tiempo de verla surgir desde la mediana, con su larga cabellera rubio platino flotando al viento, con su típico y mediático mohín de fastidio en la cara, fascinante hasta el final. Se le vino encima, así que no pudo hacer nada por evitarlo. O si...

Para @luz_tic


martes, 5 de julio de 2011

El clic

Se le iba a quedar grabado para siempre el blanco intenso de aquellos ojos, abiertos de par en par. Apenas recordaba cómo, pero lo cierto es que tenía a aquel tipejo firmemente sujeto por la pechera, arrinconado contra la estantería de su propio despacho.

Antes, con un inmenso manotazo había desarbolado la imponente mesa de despacho, cogido la estilizada pantalla plateada de a veinticuatro pulgadas del Mac Pro y la había estampado contra la mini-nevera panelada en madera. El sonido del cristal astillado se había mezclado delicadamente con el del plástico de primera calidad al quebrarse. Un sordo fogonazo eléctrico había certificado la defunción del dispositivo. Acto seguido, desde la ventaja que le daba su posición elevada, lo había asido de la chaqueta negra de Zegna y tirando de él, lo había arrancado de su butaca haciéndolo pasar por encima de la mesa. Atrás y por toda la estancia habían quedado las RayBan graduadas, la Montblanc Meisterstück y uno de los gemelos redondos de serie limitada, exclusivo para los clientes VIP de BMW.

Por un largo instante lo contempló, justo en el centro de la visión de túnel rojo que su adrenalina había formado:

Él siempre había sido un empleado leal, educado y eficiente. Amable, comedido y razonable. Virtudes muy útiles para afrontar muchas pruebas de la vida laboral y personal. Siempre lejos de toda violencia física o verbal, en la creencia de que dos no discuten si uno no quiere. Apartado de ese clic que a veces todos sentimos cuando las circunstancias o las personas nos ponen en el disparadero.

Sin embargo, le había costado adaptarse a la soberbia de alguien que se creía superior, sólo en virtud de un puesto de mando y quien sabe qué oscuros complejos personales. Con esa particular clase de irritante suficiencia. Bajo aquella fachada sociable y desenvuelta había demasiada ironía, demasiados fuegos fatuos, demasiada jactancia, demasiados desplantes, demasiadas humillaciones. Demasiadas gotas en el vaso. Y aquel día por fin, de todas las gotas, la última.

Su mano derecha, rota, palpitaba con fuerza, cerrada en un puño alzado, apuntando directamente contra aquella cara desencajada, muda de pánico, desprovista por fin de toda altivez. Ahora estaban las cosas en su sitio. Clic.

jueves, 30 de junio de 2011

Las llamas

La tierra húmeda de la noche se pegaba a su cuerpo mientras reptaba lentamente, remontando el último repecho del terreno. Se detuvo en cuanto los tuvo a la vista, y tras él todo el grupo. La espesura del silencioso bosque mantenía atrapada la oscuridad en el valle que se abría ante ellos. En el último rincón del cielo, tras las oscuras montañas empezó a recortarse la primera luz del día. En absoluto silencio, contempló el paso de un gran escarabajo negro sobre su mano derecha, la que empuñaba firmemente la lanza. Con la izquierda, aprestó contra su cuerpo el hacha de guerra. Allá abajo, entorno a una debilitada hoguera, todos dormían aún. Miró a sus hombres: por fin había llegado el momento de ajustar cuentas...

El seco chasquido de un tronco vencido por el fuego lo sobresaltó. Abrió de nuevo los ojos y volvió a extender sus manos hacia el rojo intenso de las llamas. Una recia ola de calor golpeó su rostro. Lo notó trepar lentamente por su cuerpo exhausto. Estaba vivo, era lo único que importaba. Frente a él las viejas caras conocidas de sus compañeros de armas cobraban extrañas formas bajo los cascos de acero, desdibujándose tras las temblorosas llamas. A lo lejos, pero nunca lo bastante, seguía alcanzándoles el incesante tronar de una tierra en furiosa disputa.

Disponían de poco tiempo, quizás de ninguno si el cerco se había vuelto a cerrar. El contacto por radio se había perdido. Poco importaba ya, pues bien sabía que todo estaba perdido, pero no estaba dispuesto a abandonar a los heridos, demasiado bien sabía que no habría cuartel para ellos.

Comprobó mecánicamente su fusil de asalto y volvió a refugiarse en el abrazo del fuego que embriagaba y reconfortaba a la vez sus sentidos endurecidos, dándole un cuartel que sus enemigos le negaban, quizás con toda justicia. Contempló las llamas y deseó poder disolverse en ellas, regresando de nuevo a la ancestral unión con aquel otro tiempo ensoñado pero cierto.

El fuego empezó a crepitar con furia, levantando pavesas punzantes contra sus manos. Sintió más y más su poderosa atracción primitiva y entonces supo con absoluta certeza que mucho antes hubo otras hogueras, otros rostros, otros hombres y otra sangre. Que aquella misma tierra fue la suya, que aquella lanza estuvo en su mano y que aquel día no le faltó fuerza ni valor.

Y también supo que en ese preciso instante otros muchos como él, absortos en la noche frente a las llamas, sabían que había llegado su momento.

domingo, 19 de junio de 2011

Distracciones

Un techo blanco de escayola pasó a ocupar todo su campo de visión. No ha sido este un buen día, ni está siendo una buena semana... si es que en realidad lo mismo podía pensar de todo lo que llevamos de año...

Enseguida llegó el cálido chorro de agua sobre su cabeza, deslizándose después desde la frente hacia ambas sienes. Lo malo es que si miro más lejos, entonces... creo que no, mejor no. Por ejemplo: ¿Cuando empezó la cosa a torcerse con David? últimamente salimos a pelotera diaria...

Dedos expertos extendieron el champú por su cabello entrecano. El efecto fue inmediato: Cerró los ojos y se dejó llevar suavemente por su cansancio acumulado. ...No recuerdo cómo empezó esto, y aunque no tengo nada contra él, algo voy a tener que hacer, porque al final me van a tomar por el pito del sereno, y ya está bien...

Desde el exterior tan sólo llegaba a sus oídos el suave zumbido de la maquinilla de corte, presionando a intervalos sobre su cabeza. ...En lo del comité, debería tener en cuenta la opinión de Luis, ahora sólo puedo contar con él, y él lo sabe... bueno, todos lo saben ya a estas alturas...

El metal cálido cosquilleaba sobre su piel mientras rebajaba con precisión sus patillas y perfilaba la línea fronteriza entre el pelo y el cuello sobre su nuca. ...Bien mirado, igual soy demasiado comedido... ¡algún día tendré que ponerlos sobre la mesa, como hace aquí todo quisque, y que cada palo aguante su vela...!

Súbitamente, el rítmico chasquido del metal afilado sobre su cabeza empezó a dar forma a su nuevo aspecto. El peine ejercía una suerte de masaje relajante cuando rozaba su cuero cabelludo, dando orden a su pelo mojado y fresco. ....Esta chica no me suena, debe ser nueva, pero tiene buena mano con la tijera...

Algunas hebras caían sobre su rostro. Se obligó a aceptarlas sin moverse bajo la fina bata que lo cubría. Un agradable aroma a limpio lo fue llenando todo a su alrededor. Esto habría sido insoportable sin ella; menos mal que la tengo a ella, menos mal. Ella me da las fuerzas cuando me faltan... Suerte que supimos arreglarnos a tiempo. Es lo mejor que me ha pasado en toda mi vida.

Un cepillo levemente impregnado de talco empezó a correr por sus hombros, haciéndole abrir los ojos de nuevo. Contempló su nueva imagen remozada en el gran espejo. Hoy lo hablaremos, y seguramente me decida... si, lo haré, está decidido, pediré el nuevo puesto...

El cepillo siguió su curso, pasando suavemente por su rostro, retirando aquellas hebras de cabello que ya ni tan siquiera notaba. La chica volvió con el pequeño espejo cuadrado. Un momento para el vistazo final:

    - ¿Qué tal se ve?
    - ¡Muy bien! es un corte perfecto, muchas gracias.


martes, 14 de junio de 2011

Dos minutos

Todo empezó con una extraña pero hermosa naturalidad. La últimas luces del día desaparecían ya, muy a lo lejos en el horizonte. El interior de la cabina del veterano carguero se había llenado de sombras, tenuemente iluminada por los paneles del instrumental de a bordo. De los tres tripulantes, fue el operador de navegación el que primero vio las luces irisadas que acompañadas de un suave zumbido, pronto envolvieron todo el fuselaje del avión en una espectacular gama de colores.

Instantes después ambos motores interrumpieron abruptamente su ronroneo, tosieron en un profundo estertor mecánico y se detuvieron a la vez. Una miríada de alarmas y luces de advertencia inundaron la estancia, pintando destellos en rojo y amarillo sobre los nerviosos rostros de los tres hombres en frenética lucha. Luego sobrevino el fallo general de potencia, y el fin de toda posibilidad.

Empezaron a caer velozmente en silencio, abriéndose paso a través de bancos de oscuras nubes, siempre acompañados de ese halo misterioso iridiscente, envueltos en toda la gama cromática del espectro visible, directos hacia el último crepúsculo en medio del océano Pacífico.

Las vueltas enloquecidas del altímetro señalan con fría certeza la menguante distancia hacia cero, pero ya nadie prestaba atención; los tres hombres habían enmudecido. Tras dejar atrás un último banco de nubes densas, apareció ante sus ojos la inmensa masa marina en calma del océano, brillantemente bañada por la luz blanca de una luna enorme. Los tres mantuvieron sus miradas fijas en la contemplación del grandioso espectáculo previo al que iba a ser el final de sus días. "Nos quedan menos de dos minutos" musitó entonces el navegante.

Y fue en ese preciso instante cuando todo pasó. Vivieron todos y cada uno de sus buenos y cálidos momentos de plenitud, vivieron todo lo nunca expresado, todo lo nunca vivido suficientemente, todos los detalles que jamás les importaron. Y vivieron todas las caras, vivieron todas las palabras, todas las solemnidades, todos los día a día y hasta todas las insulsas trivialidades. Vivieron todo lo que de verdad importa, pues vivieron todo lo que fueron, todo lo que eran y todo lo que podrían haber sido y sin embargo ya no serían jamás. Todo.

Después, con la misma sutileza de su llegada, las luces irisadas desaparecieron. Instantes después, los motores, libres ya de cenizas volcánicas, volvieron a rugir, dando paso al resto de sus días. Los tres hombres cruzaron sus miradas en silencio, unidos ya para siempre por dos minutos de eternidad.