lunes, 17 de enero de 2011

En horas de reparto: la joven del retablo gótico

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Empecé en esto ya va haciendo su tiempo. Pronto me di cuenta que no iba a ser un trabajo al uso; de esos en los que uno llega, ficha, produce y sale por la puerta.

Supongo que es cuestión de caracteres, pero en esta clase de trabajo, si se tiene un mínimo de sensibilidad y la juventud suficiente, no había día sin anécdota que echar al saco; o la saca (que por entonces en Correos seguían existiendo, con toda su sustancia y veteranía)

Lo tuve muy claro desde el principio. Lo mío sería el reparto motorizado, que para eso pagaban algo más al mes y no temía al tráfico de Barcelona, pues contaría con el amparo del inconfundible color amarillo y la eterna cornamusa.

De este modo, con la libertad que daba de un par de ruedas y un aceitoso motor de Vespa, empecé a recorrer a diario el variado mapa de calles y personas de mi ciudad.

La Avenida de Sarriá de Barcelona es una de esas calles que no dejan indiferente a nadie. Tiene el aire ampuloso y en cierto modo displicente del que sabe que le va a ir bien en la vida. De quien, con buen juicio y praxis, gasta poco en su aspecto exterior, sabedor que lo importante se siempre se suele cocer y disfrutar de puertas para adentro.

Se abrió la puerta del piso. Confieso que no estaba preparado para lo que siguió a continuación: la sirvienta llevaba delantal y cofia. Por supuesto, en barrios como Pedralbes y la Bonanova ya había tenido que tratar (y a veces lidiar) con porteros y asistentes de servicio; pero he de confesar que, a parte de en las películas de Gracita Morales, nunca me había topado con una auténtica criada. Sin arredrarme, parcialmente a cubierto tras el paquete que me disponía a entregar, pregunté por la persona destinataria del envío. "Es la señorita, espere un momento por favor" dijo la sirvienta, desapareciendo de mi vista con presteza.

Mi soledad en el rellano de la vivienda duró lo suficiente para percatarme con asombro del precioso retablo gótico que frente a mí se alzaba decorando la pared, en el fondo del amplio recibidor que se abría tras la puerta. En él, una virgen de frente redonda vestida en tonos púrpura y oro mostraba a un satisfecho niño Dios. Ella me miraba fija y serenamente, mientras su hijo no dejaba de bendecirme. Gótico italiano, probablemente siglo XV, determiné recordando mis tiempos de la Facultad, aún no tan lejanos.

No tardó en aparecer la destinataria del paquete, una bonita joven de larga y oscura cabellera de no más de dieciséis años. Nerviosa y apresurada, venía provista de su DNI e incluso de bolígrafo, evidenciando que esperaba el paquete con ansiedad, un envío de venta por correo.
Estando así dispuestos a cerrar la entrega sin más trámite que la pertinente firma en el comprobante cuando una voz inquisitiva y grave llegó a nuestros oídos, lejana, provocando un respingo automático en la joven.

"¿Qué envío es ese Mireia?" Unos pasos resonaron en el parquet del pasillo, trayendo al señor de la casa. Alto, atlético y distinguido, lucía un caro jersey de lana fina y una cuidada melena gris con raya al medio y gafas de montura dorada. El hombre clavó una acerada mirada paterna en la joven. "Ya lo sabes...quiero uno" apenas balbuceó suplicante ella, arrancando en ese momento el paquete de mis manos y estrechándolo contra su pecho.

El padre, impertérrito ante el arrebato adolescente, y obviando mi desconcierto, intervino de nuevo, con voz lenta, grave y marcada: "Mireia, ya hemos hablado de esto. ¿VERDAD QUE SÍ, MIREIA?"
La joven apenas consiguió sostener la mirada de su padre un segundo. Decisivamente derrotada, bajó la cabeza y abandonándose a un mohín de rabia contenida se volvió hacia mí y me devolvió el envío.

Bajo el hermoso retablo gótico, padre e hija me miraron: él sonreía serenamente. A su lado, la joven de buena familia, recuperada la compostura, alzó una mano a modo de despedida. "Lo siento, muchas gracias"

Rehusado por el destinatario. 12:25h

8 comentarios:

  1. Me has dejado obnubilada, Ricardo... Que relato más bueno.

    Orgullosa estoy de ser tu amiga :-)

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  2. Yo puse una tilde en "qué", pero se ha debido de volar, "rehusada por el destinatario". Besos.

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  3. Un relato muy pero que muy bueno... Lo lei dos veces! Gracias por escribir... los blogs TIENEN que ser algo mas que cotilleos y gadgets :)

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  4. Anodadado me dejas, enhorabuena! por cierto qué te enteraste de qué narcices contenía?

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  5. Dan hasta miedo los padres así, por muy "ricos" que parezcan ....

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  6. Muy bueno!
    Pobrecilla....me he quedado con ganas de saber qué contenía el paquete para que el padre se pusiera así....

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  7. Siento no poder desvelar el misterio. Lo tuve en mis manos, pero no nos está permitido abrir los objetos que se nos confían... Sólo podemos especular!

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  8. lara82sj
    ricardo, qué decirte? muy bien descrito, la clase alta de barcelona, con sirvientas que hoy en dia nos parcerian raras , pero que existen, al fijacion en el retablo y tus conocimientos ¿qué has estudiado? perdón por la curiosidad, pero el final es asombroso, la autoridad paterna logicamente acatada y el final apoteosico: ¿qué contenia el paquete? no hay mayor misterio. Estupendo ricardo , brillante

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